martes, 9 de abril de 2019

Para aquel que pensó haciendo

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«La libertad, expropiable por la fuerza antes de saberse el hombre poseedor de un alma libre e inmortal, no será nunca más susceptible de completa extinción. Los tiranos podrán reducirla o apagarla momentáneamente, pero nunca más se podrá prescindir de ella: será en el hombre una “conciencia” de la relación profunda de su espíritu con lo sobrehumano. Lo que fue privilegio de la República servida por los esclavos, será más adelante un carácter para la humanidad, poseedora de una feliz revelación».
Juan Domingo Perón - Congreso de Filosofía de la Universidad de Cuyo 1949.

Hace 70 años se inauguraba una gran época existencialista en Argentina, nada menos.

En una época en la cual las ideologías dogmáticas del siglo XX han quedado ya obsoletas, aquel pensamiento argentino sigue vigente, pero requiere una vuelta de tuerca.

Para superar el nihilismo contemporáneo es necesario entender la realidad de que el impulso por ir más allá de la inercia es "potencia", requiere de la voluntad para concretarse.

Los argentinos hemos llegado a esa conclusión muchas veces cuando decimos que acá "está todo por hacerse", he ahí la cuestión.

Si la Nación Argentina es una potencia, se condice con la realidad de que los grandes segundos términos en ideas que ataban el saber a un dogmatismo han muerto, no queda más que una relación realista, o sea directa con la realidad.

Esta gran época de crisis también nos recuerda al origen, cuando teoría y praxis no estaban separadas, cuando la idea y la materia formaban una unidad indivisible. Aquel proceso dinámico y continuo nos señala que en el mismo hacer está la teoría y lo que conformaría de la mejor manera un ideal.

¿Qué nos queda entonces? Reconocer que la realidad se encuentra libre de todas las demás cuestiones que antes la ataban al prejuicio ideológico (dogmático) y que en cambio debemos conformar un ideal entendiendo que si nuestra Nación es sólo en potencia, tiene en sí la infinita posibilidad de Ser, pero aquello requiere más que nunca que ese ideal se conforme a "sí mismo" haciendo.

Una vez más: Argentinos, ¡A LAS COSAS!

Lucas Cianfagna.-

lunes, 29 de octubre de 2018

El maestro sigue teniendo razón


"En estos conflictos se pone de manifiesto que el Estado no ha nacido por el miedo a la guerra y como una institución protectora de intereses individuales egoístas, sino que, inspirado en el amor a la patria y del príncipe, constituye, por su naturaleza eminentemente ética, la aspiración hacia más altos ideales."
Friedrich Nietzsche


Para hablar del fenómeno político tanto en Argentina como en el mundo, no por casualidad elegí una imagen que representa a Nicolás Maquiavelo y César Borgia en una serie conocida, quienes hoy tienen una vigencia, creo yo, intachable. Maquiavelo (de quien hago referencia en el título por ser el padre de la ciencia política) presenció y describió un problema que hoy se vuelve a dar en otros lugares, con otros personajes, pero siendo la misma temática y la misma solución posible. 

Un poco de repaso. En la Italia de principios del Renacimiento había una situación de división total y de enfrentamiento entre los principados, algo así como si se tratara de hipótesis de conflicto entre provincias de una misma patria. El escenario político estaba dominado por una casta de politiqueros que se habían vuelto oligarcas mediante el constante ejercicio de la función pública, siendo los únicos que podían aspirar a una esperanza de vida generosa, condenando a la población a la miseria más o menos homogénea en los distintos estados. Éstos eran auténticos clanes políticos, ya que se agrupaban por familia y conformaban una pelea de linajes cuyos escudos eran la población que padecía los humores de política fiscal que iban de mala a peor y de leyes que cambiaban todo el tiempo según qué familia ocupara los principados.

En cuanto a lo económico existía un ahogo impositivo hacia una población que entregaba lo que podía producir a las arcas públicas según cada lugar, y aquello servía para el despilfarro y la fiestas ceremoniales de un grupo que en connivencia con el Vaticano disputaban territorio e influencia. Luego del intento fallido de los Medici por hacer la diferencia, le tocó el turno a los Borgia, en especial César, en quien Maquiavelo puso sus fichas para que pudiera cumplir con el destino de unificar a Italia en un Estado para combatir estas oligarquías regionales que ganaban mediante la división de Italia en conflictos separatistas de estados provinciales que no paraban de exprimir a la población, y poder reducir la carga fiscal sobre la población para que pueda tener una mejor calidad de vida. 

Pareciera que estuviese hablando de la actualidad, y si, efectivamente esto que pasó hace 4 siglos, vuelve a repetirse con actores nuevos y en otros lugares. Los Estados soberanos fueron perdiendo capacidad de acción a lo largo del proceso globalista de privatización del poder por medio de organismos multilaterales y de O.N.G. de dudosa procedencia, corporaciones internacionales que parasitan a los Estados y  se nutren del separatismo, no sólo territorial, sino también social y cultural de los pueblos. Toman demandas de grupos minoritarios y los vuelven banderas que buscan imponerse a lo largo y ancho de la población como verdades incuestionables, y aquel que se le ocurra decir "Esto me parece mucho", ya recibe de buenas a primeras la desaprobación de los fiscales mediáticos que reproducen estos discursos las 24 hs. El resultado electoral de Brasil nos da una muestra gratis (no para ellos) de qué es lo que pasa cuando los lobbistas que representan intereses de minorías tratan de imponerse de forma totalitaria ante una mayoría silenciosa, y cuando a ésta le dan voz se expresa sin dudarlo un segundo. 

Que la opción ganadora en estos casos nos guste o no, no depende de nosotros, sí depende de nosotros en todo caso presentar una alternativa real y patriótica para hacer frente a este globalismo que está entrando en crisis, ya que las varias potencias lo han abandonado hace rato, como los casos de Rusia y Estados Unidos, y podemos nombrar ejemplos europeos como Austria, Polonia y Hungría. Mientras tanto en Argentina pareciera que la solución la tienen los liberales, según dicen, ya que se presentan como los abanderados de la reducción de impuestos, pero esa reducción de impuestos significa la menor existencia posible del Estado, lo cual ya ocurre de hecho, porque el Estado en lo esencial no está, que es defender el interés nacional y el bien común del pueblo en su conjunto. Que a ello le sumemos reducción en su administración no significa solucionar los problemas, sólo significaría reducir lo innecesario, pero lo necesario en que el Estado debe estar todavía brillaría por su ausencia. Maquiavelo también planteaba que era necesaria una reducción drástica de impuestos innecesarios a la población que se había vuelto esclava tributaria, ahora bien, él entendía bien que el Estado no es un mero ente de administración fiscal como pretende nuestra casta politiquera socialdemócrata, sino la herramienta política de unidad nacional y de síntesis de intereses divergentes.

El Estado es una herramienta de la comunidad nacional para garantizarse la representación y la conducción del conjunto mayoritario. La política sólo se garantiza cuando se representa al sujeto político nacional, cuando los intereses individuales o privados se ponen por encima del interés nacional, se extingue la política y lo que queda es la burocracia que toma al Estado por asalto y lo gangrena al punto en que sólo se convierte en un recaudador compulsivo de impuestos, lo cual va consumiendo la energía de la economía nacional que no puede despegar ni desarrollarse como podría. Como dice Santiago Abascal, presidente del Partido VOX en España, el Estado de bienestar de la población sólo es posible cuando se termina con el Estado de bienestar de los políticos, y eso significa que el Estado recupere su soberanía en los puntos esenciales: sintetizar los intereses divergentes, planificar políticas a largo plazo y conducir dicho proceso. La realidad de nuestra casta "política" es que no es política, porque los intereses que representa siempre son privados, ya sea de mercado o de ideologías minoritarias.

La defensa de la constitución no se da en la defensa de un papel escrito, sino en la defensa de la unidad nacional y del interés común, porque en un proceso de fragmentación nacional ninguna ley será respetada al fin y al cabo. Al separatismo globalista de los intereses privados se lo debe reconocer como enemigo público del sujeto político argentino, y se lo combate con unidad nacional, promoviendo el bien común y con un Estado realmente soberano, que en vez de generar burócratas, genere políticos de carrera y estadistas, que es lo que necesitamos para pensar a futuro y recuperar nuestro destino. Recuperar la política significa volver a priorizar la representación de las mayorías, y esto no quiere decir ir en desmedro de las minorías, significa que más allá de que existan grupos, se reconozca como prioridad, que todos somos argentinos, y que nuestro destino común patrio está por encima de cualquier ideología o interés privado, ya sea de izquierda o de derecha.

Lucas Cianfagna.-

viernes, 18 de mayo de 2018

Nacionalismo cultural y política en el siglo XXI

"Ya era tiempo de poner término a tantos males de tal tamaño y para conseguir tan loable objetivo, yo miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable, y no dudo que su opinión y la de todos los hombres que amen a su país pensarán como yo.." General José de San Martín
La estrategia de los medios de comunicación para impulsar una serie de ideas viene sirviendo sólo a los que no se toman dos minutos para pensar con el cerebro propio. Entre ellas, un tema que es el gran tema de nuestro tiempo, como diría Ortega y Gasset, que es la lucha cultural entre lo que llamaríamos un progresismo y un nacionalismo. Tal lucha cultural se ve cada vez más fuertemente reflejada en Europa, debido a que el sistema actual de tendencia global no ha sabido hacer frente a unos cuantos problemas estructurales, que muchas veces no tienen que ver con lo económico, sino más bien con el criterio posmoderno de caprichos y pataleo. Hay que tener en cuenta algo importante, nada de esto tiene sentido si no se afronta con las herramientas indicadas. La prensa en general y la corrección política se esfuerzan en convencer de que una alternativa a todo esto sólo trae un estadío de retroceso y oscurantismo, puede ser así, o no, depende de nosotros y cómo planteemos nuestra alternativa.

Para hablar de este contexto, la socialdemocracia se define desde la derecha a la izquierda en un esquema progresista y desarrollista, como bien menciona Jorge Rulli, que tanto en Argentina como en el mundo fue consolidándose: progresismo en lo cultural, desarrollista en lo económico y centrista en lo político-institucional. Problemas como inmigración ilegal o "crisis de refugiados", minorías separatistas, feminismo radical y la creciente islamización son algunos de los problemas que la socialdemocracia no ha querido resolver. Tenemos por otra parte grupos nacionalistas de tendencia moderada y realista, lejos de los extremistas y trasnochados de siempre que sólo piensan en conspiraciones y videos de YouTube poco serios; lo que podríamos llamar un "nacionalismo de liberación", lo cual se propone reclamar un respeto irrestricto por la propia comunidad y hacia las otras comunidades, esto es, proponen una realización nacional en conjunto con una integración continental paulatina y a su tiempo, sin violencia, sin imposición. Casos como los de "VOX" en España, que constituye un grupo nuevo pero pujante, así como también gobiernos electos en Polonia con "Ley y Justicia", y el más aún emblemático caso de Victor Orban en Hungría con el partido "Fidesz", con un gran éxito en la mejor de bienestar, con políticas coherentes, un plan a largo plazo y una perspectiva de futuro que no habían tenido hace tiempo.

¿Qué es lo que ofrece este último grupo? Un destino, objetivos a largo plazo y una idea de trascendencia, lo cual compone quizás el elemento más importante a la hora de diseñar políticas para un estadista. Cuando hablamos de un verdadero estadista no lo podemos reducir al que "gestiona un gabinete" o "manda al jefe de gabinete a que haga lo suyo y lo miro a ver qué hace", un estadista tiene la visión más amplia dentro de su comunidad nacional y ofrece su perspectiva integral para conducir una acción de conjunto y brinda a su pueblo un destino, una idea realizable en tanto y en cuanto nos movamos todos y pongamos a funcionar lo orgánico como comunidad. La misión de un estadista en el mundo de hoy es la batalla cultural contra el progresismo, oponiendo a él un nacionalismo cultural, del cual nos ha hablado nuestro referente como argentinos, Juan Domingo Perón. Allí tenemos las herramientas bien precisas, que no se trata de copiar lo que se hizo en el pasado, sino retomar la idea de un Proyecto Nacional que se expresa en la frase: "La organización vence al tiempo, en el marco de un objetivo trascendental", que es lo que precisamente lo que se ha olvidado, lo más esencial.

Retomando lo del principio, ¿de qué manera se puede afrontar como alternativa nacionalista la lucha contra el progresismo cultural sin caer en la tipificación de los progresistas de que "somos unos fóbicos"? Nuevamente el compañero Rulli vuelve a dar en el clavo cuando critica esta tendencia, aclarando que no se trata de combatir a los individuos que la componen, sino en todo caso, a la tendencia a crear identidades ficticias más allá de lo que nos une como comunidad nacional, es decir, las cuestiones de minorías no pueden ser la prioridad ante un panorama nacional de profundos problemas en lo político por falta de propuestas, de una economía basada en el amiguismo y una falta total de pensamiento a largo plazo. Dentro de una propuesta integral es que se puede arribar a una solución incluso para grupos minoritarios, soluciones que no vayan en detrimento de las mayorías y que logren finalmente lo que con la violencia no logran nunca, que es la integración y armonía social. 

Es entender de una vez por todas que la realización de individuos aislados nunca puede arribar a una realización de la comunidad en su conjunto, pero a su vez entendiendo en nuestra tarea, de que debemos ser soberanos primero nosotros como personas, para poder lograr la soberanía nacional. Siendo que la política es la "ética de la polis", al ser la ética la práctica de libertad de la persona diferenciada, la política vendría a ser la integración de personalidades diferenciadas en lo suyo pero reconociendo un interés común. Por lo tanto, para no caer en la trampa progresista, lo mejor es dar soluciones concretas a los problemas reales que arriben a comprender la realidad en su conjunto, para que tanto minorías como las mayorías que hoy reclaman representación, sean integradas en una idea a futuro. Lejos de reclamar volver al pasado, decimos más que nunca: ¡FUTURO O NADA!

Lucas Cianfagna.-