viernes, 18 de mayo de 2018

Nacionalismo cultural y política en el siglo XXI

"Ya era tiempo de poner término a tantos males de tal tamaño y para conseguir tan loable objetivo, yo miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable, y no dudo que su opinión y la de todos los hombres que amen a su país pensarán como yo.." General José de San Martín
La estrategia de los medios de comunicación para impulsar una serie de ideas viene sirviendo sólo a los que no se toman dos minutos para pensar con el cerebro propio. Entre ellas, un tema que es el gran tema de nuestro tiempo, como diría Ortega y Gasset, que es la lucha cultural entre lo que llamaríamos un progresismo y un nacionalismo. Tal lucha cultural se ve cada vez más fuertemente reflejada en Europa, debido a que el sistema actual de tendencia global no ha sabido hacer frente a unos cuantos problemas estructurales, que muchas veces no tienen que ver con lo económico, sino más bien con el criterio posmoderno de caprichos y pataleo. Hay que tener en cuenta algo importante, nada de esto tiene sentido si no se afronta con las herramientas indicadas. La prensa en general y la corrección política se esfuerzan en convencer de que una alternativa a todo esto sólo trae un estadío de retroceso y oscurantismo, puede ser así, o no, depende de nosotros y cómo planteemos nuestra alternativa.

Para hablar de este contexto, la socialdemocracia se define desde la derecha a la izquierda en un esquema progresista y desarrollista, como bien menciona Jorge Rulli, que tanto en Argentina como en el mundo fue consolidándose: progresismo en lo cultural, desarrollista en lo económico y centrista en lo político-institucional. Problemas como inmigración ilegal o "crisis de refugiados", minorías separatistas, feminismo radical y la creciente islamización son algunos de los problemas que la socialdemocracia no ha querido resolver. Tenemos por otra parte grupos nacionalistas de tendencia moderada y realista, lejos de los extremistas y trasnochados de siempre que sólo piensan en conspiraciones y videos de YouTube poco serios; lo que podríamos llamar un "nacionalismo de liberación", lo cual se propone reclamar un respeto irrestricto por la propia comunidad y hacia las otras comunidades, esto es, proponen una realización nacional en conjunto con una integración continental paulatina y a su tiempo, sin violencia, sin imposición. Casos como los de "VOX" en España, que constituye un grupo nuevo pero pujante, así como también gobiernos electos en Polonia con "Ley y Justicia", y el más aún emblemático caso de Victor Orban en Hungría con el partido "Fidesz", con un gran éxito en la mejor de bienestar, con políticas coherentes, un plan a largo plazo y una perspectiva de futuro que no habían tenido hace tiempo.

¿Qué es lo que ofrece este último grupo? Un destino, objetivos a largo plazo y una idea de trascendencia, lo cual compone quizás el elemento más importante a la hora de diseñar políticas para un estadista. Cuando hablamos de un verdadero estadista no lo podemos reducir al que "gestiona un gabinete" o "manda al jefe de gabinete a que haga lo suyo y lo miro a ver qué hace", un estadista tiene la visión más amplia dentro de su comunidad nacional y ofrece su perspectiva integral para conducir una acción de conjunto y brinda a su pueblo un destino, una idea realizable en tanto y en cuanto nos movamos todos y pongamos a funcionar lo orgánico como comunidad. La misión de un estadista en el mundo de hoy es la batalla cultural contra el progresismo, oponiendo a él un nacionalismo cultural, del cual nos ha hablado nuestro referente como argentinos, Juan Domingo Perón. Allí tenemos las herramientas bien precisas, que no se trata de copiar lo que se hizo en el pasado, sino retomar la idea de un Proyecto Nacional que se expresa en la frase: "La organización vence al tiempo, en el marco de un objetivo trascendental", que es lo que precisamente lo que se ha olvidado, lo más esencial.

Retomando lo del principio, ¿de qué manera se puede afrontar como alternativa nacionalista la lucha contra el progresismo cultural sin caer en la tipificación de los progresistas de que "somos unos fóbicos"? Nuevamente el compañero Rulli vuelve a dar en el clavo cuando critica esta tendencia, aclarando que no se trata de combatir a los individuos que la componen, sino en todo caso, a la tendencia a crear identidades ficticias más allá de lo que nos une como comunidad nacional, es decir, las cuestiones de minorías no pueden ser la prioridad ante un panorama nacional de profundos problemas en lo político por falta de propuestas, de una economía basada en el amiguismo y una falta total de pensamiento a largo plazo. Dentro de una propuesta integral es que se puede arribar a una solución incluso para grupos minoritarios, soluciones que no vayan en detrimento de las mayorías y que logren finalmente lo que con la violencia no logran nunca, que es la integración y armonía social. 

Es entender de una vez por todas que la realización de individuos aislados nunca puede arribar a una realización de la comunidad en su conjunto, pero a su vez entendiendo en nuestra tarea, de que debemos ser soberanos primero nosotros como personas, para poder lograr la soberanía nacional. Siendo que la política es la "ética de la polis", al ser la ética la práctica de libertad de la persona diferenciada, la política vendría a ser la integración de personalidades diferenciadas en lo suyo pero reconociendo un interés común. Por lo tanto, para no caer en la trampa progresista, lo mejor es dar soluciones concretas a los problemas reales que arriben a comprender la realidad en su conjunto, para que tanto minorías como las mayorías que hoy reclaman representación, sean integradas en una idea a futuro. Lejos de reclamar volver al pasado, decimos más que nunca: ¡FUTURO O NADA!

Lucas Cianfagna.-

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