Manuel Belgrano, ese hombre cuya sangre hervía ante las dificultades de una Patria naciente, nos legó mucho más que una enseña: nos legó un símbolo vivo de lo que podemos ser cuando el patriotismo deja de ser una palabra y se convierte en acción concreta.
sábado, 20 de junio de 2026
20 de junio: La Enseña que Belgrano nos legó
jueves, 4 de junio de 2026
🇦🇷⚔️ 4 de junio: Argentina es Occidente a su manera
Revuelta de Argentina contra el status quo mundial
El Grupo Obra de Unificación (G.O.U.), un grupo de jóvenes oficiales, decidió tomar el poder ante una sucesión de gobiernos que habían socavado las instituciones mismas del Estado argentino y habían puesto en peligro a la institución misma de las Fuerzas Armadas (FF.AA.). Imbuidos en aspiraciones nacionalistas y de forjar un destino de país industrial y tecnológico, decidieron que no había mejor sector que el militar para encargarse de aquellos segmentos productivos que se identificaban como estratégicos; era otra época.
Esta rebelión contra el "sentido de la historia" en que Argentina tenía un camino subordinado al orden mundial significó también establecer una hipótesis de conflicto seria: el avance del comunismo y de los "frentes populares" que desde Chile instigaban secesiones territoriales. Al igual que previendo el resultado de la SGM, intentarían liderar un proceso político que dejara a la Argentina en una mejor posición a nivel geopolítico.
Argentina estaba dispuesta a combatir el comunismo y ser occidentales, pero a nuestra manera, con nuestras propias aspiraciones, y sin atender discursos únicos, algo similar a lo que podría pasar hoy, con otra tónica y otras ideas. Cosa que tiempo después de aquel evento significó el proyecto de inserción e integración de Argentina a nivel regional desde su propio liderazgo como país en el Fin del Mundo, encabezado por uno de aquellos jóvenes oficiales del 43, el entonces Cnel. Perón.
La herencia en Argentina
Significó el comienzo de un antes y un después, en lo bueno y lo malo para la política argentina, sin dudas. Porque con aquel acontecimiento surgiría el peronismo, y ese particular modo de hacer política que sería objeto de amores y odios viscerales. Surgiría también algo no menor, que es el nacionalismo argentino desligado de esa reivindicación puramente religiosa y se abriría una vertiente que estuviera más preocupada por los temas de interés nacional y de valor estratégico, así como también de todo aquello que hace a la identidad argentina, más allá de la religión católica. De igual manera podemos decir que fue uno de los tantos y extendidos intentos en todos los países hispanohablantes del continente de depurar, reformar o revolucionar sus FF.AA. y darles, según el caso, el rol que la situación y el contexto de época les reclamaría.
La lucha por la integración y la presencia soberana efectiva sobre el territorio ha sido una bandera de aquellos años, y que por decisiones o negligencias ha resultado en el tiempo aún una deuda pendiente para el pueblo argentino. Con la vuelta de la democracia hemos confundido el repudio a los años más oscuros de la historia con el desarme, la indefensión y el camino hacia la irrelevancia geopolítica que tantas veces hemos mencionado en este espacio, por el cual no queda otra alternativa que reajustar el criterio más allá de ideologías del momento (o momentos anteriores) y actuar con las herramientas que tenemos.
Actualidad geopolítica: Del globalismo al tecno-feudalismo
El mundo ante el cual nos perfilamos ya no responde únicamente a la vieja lógica de Estados-nación en pugna; asistimos a una mutación sistémica. Hemos transitado de un globalismo de fronteras laxas a una suerte de tecno-feudalismo o "ilustración oscura", donde las élites globales y los grandes conglomerados tecnológicos pujan por concentrar el poder real, erosionando las soberanías tradicionales y planteando un escenario de gobernanza atomizada y tecnocrática.
En este marco de fragmentación, la cartografía estatal se reorganiza en bloques rígidamente enfrentados. El escenario que el especialista Guillermo Lafferriere bautizó como "Yalta 2.0" se ha complejizado. La vieja estrategia de Kissinger de buscar un orden tripolar aislando a China o atrayendo a Rusia fue sepultada por la rigidez de Washington. El tablero actual muestra una Eurasia abroquelada por el espanto y la necesidad de supervivencia frente a Occidente.
Por un lado, el frente europeo sigue tensionado al límite: a pesar de los intensos esfuerzos de Moscú, Ucrania ha demostrado una capacidad de resistencia enorme, sosteniendo el conflicto mediante operaciones asimétricas y ataques con drones a puntos clave del territorio ruso que frustran cualquier resolución rápida. A este eje de fricción euroasiático se sumó de manera abierta la desestabilización en Oriente Medio con la entrada directa de Irán a principios de este año, consolidando un bloque de resistencia multipolar donde Pekín opera como el gran soporte financiero y logístico del Este, y Rusia e Irán actúan como los arietes político-militares.
El advenimiento de esta nueva post-polaridad es un hecho. La administración Trump busca forzar un alto al fuego en Ucrania y desactivar el gasto militar de la OTAN, pero la inercia del conflicto y los intereses de las élites corporativas globales dificultan un retorno al statu quo anterior. Ante este panorama, alinearse doctrinariamente con el Occidente geopolítico que lidera EE.UU. puede mitigar ciertas fricciones inmediatas, pero nos obliga a vigilar milimétricamente que nuestros lazos comerciales estratégicos —particularmente con China— no comprometan nuestra posición. Si Argentina decide reafirmar su pertenencia a Occidente, debe hacerlo bajo la premisa de la Guerra Fría original: garantizando sus propios códigos geopolíticos a largo plazo, y no rindiéndose a un nuevo Consenso de Washington ni cayendo en el viejo latinoamericanismo adolescente del que afortunadamente hemos salido.
Conclusiones
Teniendo en cuenta que operamos en este escenario de post-polaridad tecno-feudal y bloques de influencia, la neutralidad abstracta es inviable. Conviene apoyarse en todo tipo de alianzas que nos permitan el contrapeso necesario para lograr que aquellos objetivos de largo plazo que hacen a nuestros códigos geopolíticos no se vean comprometidos. Pero para ello, primero hay que hablar de cuáles son y por qué son irrenunciables: Malvinas, presencia en el Atlántico Sur y la proyección antártica.
Rivalizar a nivel regional con EE.UU. no sólo sería innecesario al día de hoy sino incluso contraproducente; por lo que la estrategia debiera ser la de equilibrar la defensa de los valores occidentales de la soberanía y la libertad, mientras se mantiene la máxima exigencia en nuestros reclamos territoriales. En un mundo fragmentado en zonas de influencia y redefiniciones civilizatorias a partir del uso de la tecnología, el Norte buscará consolidar su zona de influencia; nosotros debemos hacer lo propio en el Cono Sur, proyectando poder nacional y masa crítica regional de manera conjunta.
De esto podemos aprender de la historia de los años 40 y 50: tomar lo que nos sirve y descartar lo que no, entendiendo que cada época responde a sus propias circunstancias. Más allá de las divisiones ideológicas o económicas tradicionales, el 4 de junio nos rescata el sentido soberanista y la necesidad imperiosa de construir poder soberano, incluso en un escenario que incluya a la nación, pero que la integre en una unidad mayor que necesitamos para que ese poder soberano sea efectivo. Hoy, frente a las élites globales que decretan el fin de los Estados, podemos y debemos exclamar con más fuerza que los argentinos somos Occidente, pero a nuestra manera.
Lucas Cianfagna.-
martes, 19 de mayo de 2026
⚜️ Julius Evola: La antorcha encendida de la Tradición 🔥
19 de mayo - Aniversario de su nacimiento
Barón Giulio Cesare Andrea Evola: guerrero del espíritu, pensador incansable y esoterista de altura. Nació el 19 de mayo de 1898 y legó una obra que sigue ardiendo con fuerza propia, no como una reliquia del pasado, sino como una antorcha que ilumina el presente y desafía el futuro. Su pensamiento no invita a la nostalgia estéril, sino a una afirmación radical de lo que somos en medio de la disolución.
La Tradición no es regreso, sino permanencia superior.
Muchos confunden la Tradición con una simple vuelta al pasado o una regresión romántica. Evola la concibió de manera muy distinta: como una fuerza meta-histórica, dinámica y ordenadora, que actúa desde arriba y da sentido a la existencia más allá de las contingencias temporales. Mantener viva la llama significa resistir en la época de la disolución sin dejarse arrastrar por ella, trascendiendo las ruinas para reconquistar un orden vertical.
Como él mismo señaló: “La Tradición, en su esencia, es algo simultáneamente meta-histórico y dinámico: es una fuerza ordenadora universal al servicio de principios que tienen el carisma de una legitimidad superior”. No se trata de un museo de ideas muertas, sino de un poder actuante que sigue interpelándonos hoy.
El hombre como potencia y la progresividad vertical.
En El hombre como potencia (1927), Evola traza con claridad el camino del ser humano diferenciado. Lejos de ser un producto pasivo de la historia o de las circunstancias materiales, el hombre es ante todo potencia: capacidad de despertar, de dominarse a sí mismo y de afirmarse como centro invulnerable.
Una vez vencida la decadencia, la realidad se abre no como un progreso lineal y materialista, sino como una progresión ascendente de carácter vertical. El individuo que logra poseerse plenamente reconquista su dignidad ontológica y genera desde sí mismo una nueva cualidad de existencia. No espera salvación externa; la crea mediante su propia acción transformadora.
Cabalgar el tigre en la era prometeica.
Vivimos inmersos en el desafío de la tecnología, la inteligencia artificial y el transhumanismo: Prometeo desatado en su forma más extrema. La super-modernidad que Evola criticó con implacable lucidez avanza hoy a velocidad terminal, disolviendo formas y valores tradicionales.
Aquí adquiere plena vigencia Cabalgar el tigre. No se trata de huir ni de adaptarse pasivamente, sino de montar la bestia, de usar la misma disolución como campo de prueba y de prueba de fuego. Mantenerse en pie en medio de las ruinas, sin dejarse devorar por ellas. La carrera tecnológica es abierta y despiadada. Unos la viven como huida hacia adelante, otros como oportunidad de diferenciación radical. El tigre corre con furia; el hombre de Tradición lo cabalga con soberanía interior.
Geopolítica y las falsas Tradiciones.
En este conflicto global aparece también la super-modernidad disfrazada de retorno. China, Rusia y diversos actores eurasiáticos invocan la “Tradición”, pero con frecuencia la reducen a un instrumento de control social, autoritarismo pragmático o mera herramienta política. De ese modo manchan el nombre, ligándolo a expresiones regresivas, colectivistas y subordinadas a fines estatales inmediatos.
Evola jamás habría confundido el Imperium auténtico con imperios meramente materiales o con restauraciones autoritarias de carácter regresivo. La verdadera Tradición no se somete a objetivos pragmáticos ni se degrada a instrumento de poder terrenal; se impone desde lo superior y mantiene su carácter trascendente. Occidente debe elegir entre un Prometeo ciego, perdido en su propia hybris tecnológica, y un Prometeo despierto que sea capaz de trascender la falsa dicotomía entre la decadencia liberal y las “tradiciones” de exportación autoritaria.
El individuo absoluto y la rebeldía superior.
Por encima de todo, Evola encarna un pensamiento disidente radical, provocador y genuinamente rebelde. Contra toda predeterminación histórica, material o ideológica, defendió con vigor el concepto del individuo absoluto: no el átomo liberal disuelto en la masa informe, sino aquel que se posee plenamente, que trasciende las formas contingentes y se afirma como poder soberano. Señor de sí mismo.
Frente al colectivismo, frente al fatalismo histórico, frente a quienes pretenden resolver al hombre en una ecuación material o en un engranaje social predeterminado, el individuo absoluto elige, domina y arde con luz propia. Esa es su mayor contribución: enseñarnos una rebeldía de altura que no se conforma con lo dado y que reconquista la libertad interior en medio de la mayor opresión exterior.
Somos Occidente porque aún portamos esa llama.
Porque rechazamos por igual la regresión y la disolución. Porque la Tradición no es un pasado muerto, sino una fuerza viva que nos permite cabalgar el tigre de esta época sin ser devorados por él. Porque Evola nos recordó que, incluso en la ruina, el hombre diferenciado puede reconquistar su potencia y afirmar lo que verdaderamente es.
Mantengamos la llama encendida. No como mero recuerdo, sino como acto vivo, como rebeldía superior y como afirmación irrevocable de nuestra esencia.
Feliz aniversario, maestro.
Que tu obra siga inquietando conciencias, despertando espíritus y diferenciando a quienes aún son capaces de reconocerse en ella.
Lucas Cianfagna.-