miércoles, 1 de noviembre de 2017

Lo orgánico en la idea de República

"Orgánico es un Estado cuando éste posee un centro, y este centro es una idea que informa a partir de sí en modo eficaz a los diferentes dominios: es orgánico cuando el mismo ignora la escisión y la autonomización de lo particular y, en virtud de un sistema de participaciones jerárquicas, cada parte en su relativa autonomía tiene una funcionalidad y una íntima conexión con el todo." Julius Evola

Como bien menciona el maestro Denes Martos, los sistemas de Estado que la humanidad pudo crear son dos: monarquía y república, y si los analizamos bien, no hay mucha diferencia entre ambos, sino más bien en los nombres y algunas atribuciones. El problema no es elegir entre alguno de los dos sistemas, sino el criterio y la razón detrás de cómo se configura uno u otro. Las monarquías que han sobrevivido, presentan casi en su totalidad este problema de criterio, algunas configuradas desde lo partidario, como es el caso inglés, donde muchos politólogos hablarán loas del modelo inglés, y consideran un "logro" que sea el partido el centro de la cuestión, pero el problema es que la acción del Estado determinada por un partido de turno es un problema, así como lo es cuando un partido único también lo hace (regímenes socialistas), o un partido hegemónico (la lamentable experiencia del Partido Justicialista), sea en monarquía o república. Volvemos a repetir, no es el sistema el problema, sino el criterio.

Como hemos dicho en otro momento, la idea jurídica de Kelsen descansa en un equívoco que Aristóteles hubiera contestado con contundencia: de ninguna manera un ente puede ser en potencia y en acto al mismo tiempo, de manera que "gobernante" y "gobernado" no corresponden a una misma persona de ningún modo, salvo que quien gobierne sea la ley y no la persona, pero de esa manera la ley sería el único acto, la única voluntad, que surge del Estado como un dios, la vieja idea totalitaria, como dijo Taylor "la obsesión moderna por los antiguos". Este era un proyecto que Kelsen planeaba para toda la humanidad moderna, el elogio a la burocracia y al automatismo, es decir, una idea liberal en su origen, que llevaría a un modelo donde la libertad es anulada, propio del iluminismo. Por lo tanto, queda claro que el pueblo no puede ser soberano, y que esto es otro punto más en la demagogia moderna de los analistas, de los panelistas, de los que están sumergidos en la historia sin darse cuenta, quienes no pueden pararse frente a la historia y decir "¡No!", los opinólogos de hoy no tienen capacidad de decirle que no a la época, ya que viven y comen gracias al tsunami de opiniones mayoritarias, por eso faltan sabios, faltan filósofos, y sobran opiniones vacías.

Volviendo al tema que me interesa tocar, la república, siempre surgen estos clichés llamados "división de poderes", "sistema de pesos y contrapesos", y el infaltable "el partido político es lo único que puede sostener un sistema republicano". Veamos uno por uno, primero la famosa división de poderes es un equívoco incluso para la ciencia política de hoy, ya que la división de poderes se ve más acentuada en un régimen de gobierno presidencialista como es en el caso de América en su conjunto, puesto que tal división no existe más que conceptualmente en Inglaterra por ejemplo, donde tienen un régimen parlamentario de gobierno, ahí podemos conceder un punto a favor de los ingleses, a pesar de lo que mencioné más arriba. En un régimen parlamentario se ve mejor que la división no es de poderes, sino de instancias del mismo poder, cosa totalmente positiva, ya que lo importante de entender es que el poder público, o sea, el poder estatal, no pueden ser varios, sino uno sólo. Las instancias del poder estatal sí pueden separarse sólo conceptual y operativamente, pero no se sustraen de lo esencial, que es el poder de acción del Estado, desde el soberano, que es quien toma decisiones, por definición. "El pueblo no gobierna, sino a través de sus representantes", entonces no lo hace, porque gobernar/ser soberano, implica precisamente ser la última palabra en toma de decisiones, que por obviedad, el pueblo no puede hacer nunca. 

Otro problema que los panelistas no ven, es que el sistema de pesos y contrapesos es un error de base: si una instancia del poder, como son el ejecutivo o el legislativo son siempre sospechados de corrupción o de siempre "llevar agua a su molino", ¿de qué sirve los ponga a controlarse entre ellos? De la misma manera en que si sospecho que dos personas pueden ser delincuentes, no tiene sentido que diga que deben controlarse uno al otro, puesto que lo que ocurriría es que por el contrario, pueden encubrirse mutuamente, como de hecho pasa. ¿Pero cómo es posible entonces este encubrimiento? Si es precisamente por algo que está por encima de la instancia de poder ejecutiva, legislativa o judicial, ese algo es el partidismo. La tercer idea de que el partido es lo más importante para un sistema republicano, ¿de dónde salió la idea? Podríamos decir en principio que viene de Rousseau, quien trataba de sostener esa incoherencia de la soberanía del pueblo, y cuando definía pueblo nunca se terminaba de decidir, porque no era la mayoría, pero es una voluntad que ni él entendía. Esa voluntad grupal (que es una contradicción en términos) funciona como una gangrena para el Estado, como una peste mórbida que lo vuelve enfermo y degradado, porque es una parte que se arroga la potestad del todo, por tanto, no puede ser el partido lo que esté por encima de las instancias de poder, porque ahí es cuando empieza el problema de que no se cumple la tan pedida "independencia de poderes", al contrario, el partido los pone a cooperar entre ellos para que la rosca circule mejor.

La solución para configurar una república, sería entonces que la concepción de república sea con la concepción de Estado una misma cosa, es decir, un único poder, del cual se desprenden tres instancias: judicial, legislativa y ejecutiva, puesto que nada atenta contra la autonomía de cada una  más que el partido por encima del poder público; si queremos que cada instancia funcione de forma autónoma. Para resolver los pesos y contrapesos en lugar de que se controlen entre sí, lo fundamental sería establecer las exigencias propias de cada instancia, o sea, el mérito que deben cumplir para no ser removidos del cargo, para que las instancias del poder sean realmente independientes, pero integradas a la misma acción del Estado orientada a un mismo objetivo común; los pesos y contrapesos deben ser propios de cada instancia, lo cual conforma una verdadera autonomía. A esto se le puede agregar la existencia de organizaciones intermedias, que sean las que medien entre la comunidad y sus autoridades, para terminar con esa noción de "representantes" que lo único que representan es la decadencia a nivel cultural y político en la cual se vive; prefieren decir con demagogia "que el pueblo decide" mientras sólo lanza críticas por redes sociales, en lugar de que haya una auténtica expresión de la comunidad en sus necesidades y que ésta sea consciente de qué debe reclamar a sus autoridades para que resuelvan. La república no es más que la continuidad de la monarquía una vez que ésta se vio degradada y se vio sin su fundamento primordial, por eso se debe plantear un nuevo fundamento para la república, uno que comprenda que el Estado es una herramienta de la comunidad de donde surgen las autoridades que guían esa comunidad hacia un destino común y trascendente. La comunidad debe participar en las instancias correspondientes que les son presentadas, no tomando decisiones, sino en la convalidación de autoridades y en la expresión de sus necesidades y anhelos. De eso se trata la "res-pública" que no es otra cosa que poner en manifiesto qué es lo que se hace en política, rendir cuentas como se debe, y esclarecer qué es lo que se debe esperar de una autoridad. 

En cuanto a la soberanía del Estado, es una atribución que no pertenece en su origen al Estado, sino al que es Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, que pueden separarse en cargos operativamente al igual que las instancias de poder, pero lo repetimos: no en lo que forma la razón de Estado, el principio sigue siendo el mismo, y sólo es soberano quien puede decir como última palabra: "Si", "No", "esto" o "aquello". Es el soberano el que imprime una forma a la comunidad, más allá de las libertades que son propias de cada ciudadano, de ninguna manera puede poseer la misma libertad quien es soberano que quien es gobernado, por la sencilla razón de que no se disponen a decidir sobre las mismas cosas. ¿Existen autoridades incompetentes? Por supuesto, por algo nos convoca el tema, pero eso no invalida el principio, mientras haya una persona capaz de sostenerse a sí misma con arreglo a ese principio propio, quien lo hace carne, permite que el principio sobreviva, y que eventualmente pueda volver a primar el principio sobre la convicción, el valor de la personalidad de sostenerse más allá de las circunstancias, que no es más ni menos, que el valor que se espera de un auténtico soberano.

Lucas Cianfagna.-

jueves, 12 de octubre de 2017

Día de la Raza: Respeto a nuestra diversidad americana


“Cuando los representantes de un determinado principio se revelan indignos, se hace de modo tal que el proceso en contra de éstos se extienda en seguida contra el principio en sí mismo, es más, se lleva sobretodo contra éste. En vez de limitarse a constatar que determinadas personas no están a la altura del principio y exigir que éstas sean substituidas por hombres calificados, por lo cual la situación de normalidad sea renovada, se afirma que el principio en sí mismo es falso, corrupto o decadente, que el mismo debe ser sustituido por un principio diferente.” Julius Evola

Sobre nuestro Día de la Raza, me urgen algunas reflexiones en torno a la decadencia cultural occidental, que toma un hecho tan trascendente y culturalmente enriquecedor como el de la Conquista y lo compara con un genocidio, sin tener el menor análisis serio sobre las civilizaciones anteriores, pretendiendo que se debe festejar la negación de dicho evento. Esto no significa que no podamos reconocer civilización anterior en los imperios existentes, pero que a la llegada de España, ya presentaban profundos signos de decadencia y de auto-aniquilamiento, con el detalle de que las poblaciones estaban en constante conflicto, el cual cesó luego de la Conquista. Pero pongámoslo en criollo, el Día de la Raza, lo convirtieron en el "día del respeto a la diversidad cultural", lo cual significa como dije, un día que celebra la negación de algo, y lo que es peor, la negación de nuestra identidad. Esto significa que la gran cultura occidental de hoy festeja negar hechos o arrepentirse de hechos, tener vergüenza de los hechos. No hay aceptación de la realidad, ni síntesis, mucho menos podemos pedir reducción de conceptos significativos para la mejor asimilación, desde ya. Una actitud infantil que pretende anular todo lo que no gusta de la historia, todo lo que parece "impropio". Como lo dice la cita que elegí, resulta absurdo criticar el principio simplemente por encontrar a los representantes que no están a la altura de la cualidad que el principio requiere, entonces optan automáticamente por cambiar de principio, así ocurrió también con los regímenes políticos y los sistemas de gobierno, instituciones, modos de organizarse; no obstante, tampoco se trata de hacer una defensa de lo pasado per se, eso sería absurdo, ya que las categorías que nos interesan en este día no son las temporales o puramente anecdóticas, sino más bien qué es lo que se puede trazar a partir del momento del hecho como originación de algo que podía mantener su cualidad propia más allá de encontrar o no representantes vivos, sólo basta con que alguien alcance dicho nivel para demostrar cuán vivo puede estar un legado, un principio, una doctrina o un valor. 

La identidad americana está muy poco conformada, o mejor dicho, muy poco estructurada en nuestras mentes para poder terminar de valorar esa gran asimilación que hubo en la recién nacida modernidad de Europa. España ha extendiendo por el contrario las tradiciones intactas en el territorio de América, pero consiguiendo un resultado asombrosamente mejor del que se esperaba, ya que incluso, el objetivo de la expedición era distribuir el Imperio Español por donde se pueda, incluso teniendo intención de acercarse a Oriente, con la sorpresa de encontrar algo nuevo, una nueva posibilidad, un nuevo renacimiento cultural y hasta ontológico. Lo que trascendió quedó simbolizado en la expedición, que dio como resultado lo que tenemos hoy, que ha tenido a pesar de ciertos conflictos internos, una conservación demasiado buena en cuanto a identidad e idiosincracia, pero que no hemos tomado la consciencia necesaria para integrarlo en nosotros mismos, y en nuestros pueblos, menos que menos en nuestros líderes, que viven intentando imitar a Europa por un lado (socialdemócratas) o bien tratan de hacer una apologética del indigenismo (populistas), ambos negadores de la gran tradición de nuestra identidad,  y continuando la dialéctica de lo decadente, unos desde la culpa y otros desde la victimización, en ambos casos vergonzosa. 

La literatura nos brinda la gran herencia del Quijote en su cinismo de anti-héroe, a modo tragicómico de cuestionamiento de una época. También nos brinda al Cid Campeador en cuanto a héroe épico, que no deja de tener sus tensiones y sus luchas internas, allí no se muestra un personaje de fantasía, muy por el contrario, se ve un héroe que tiene que decidir sobre aspectos mediocres o aspectos que lo definirían como héroe, optando por éstos últimos, pero nunca negando la constante condición del hombre de tener que luchar contra lo peor de sí mismo. Es aquel gesto de no bajar la espada nunca, de siempre actuar en consecuencia y cuanta mayor la dificultad mayor es el gesto de reacción, toda esa diversidad de valores se pueden encontrar también en nuestro Martín Fierro como la gran continuidad y apropiamiento de lo mejor de España, que culminó en América, nuestra América. No es nuestra intensión continuar guerras pasadas, ni enfrentamientos nacionales que ya no tienen vigencia, como el de Unitarios y Federales, ambos de alguna manera u otra han continuado aquello que se nos legó de nuestro Padre Patrio, que en decadencia supo ser tomado por nuestros libertadores, habiendo quedado trunco su proyecto de independencia, y ésto se vio inmediatamente en la guerra civil, y más adelante en los constantes enfrentamientos de dos facciones que hemos tenido a lo largo de nuestra historia. 

Hay una infinidad de razones por las cuales hemos auto-boicoteado cualquier proyecto a futuro que pudiera conformar finalmente una identidad nacional más allá de las pasiones inmediatas, los mundiales, los actos públicos y los libros de historia. Se trata de generar un sentir y un modo de entenderse a sí mismo como individuo diferenciado entre pares que comparten un valor, un principio y una dignidad, ya que a decir verdad, jamás se nos escucha llamarnos a nosotros mismos "americanos", sino sudamericanos o latinoamericanos, pero siempre desde el condicionante despectivo, como resignándonos a ser "la pobreza y la corrupción endémicos". Quizás debamos empezar por donde empezaron siempre los grandes, y no tratar de evangelizar a las personas de alguna forma u otra con la identidad, no empezar por lo más abarcativo para no apretar poco, y empezar en cambio, a mirarnos a nosotros mismos hacia adentro, para poder entender desde dónde nos paramos y poder empezar un camino que es largo y que es difícil, pero que nos probará como personalidades que se dispusieron a crear algo grande, desde la nada misma. Ya que como se dijo muchas veces, y los homenajes son la prueba viva de esto, el ejemplo no es la mejor forma de enseñar, es la única.

Lucas Cianfagna.-



martes, 18 de julio de 2017

Necesaria inversión de valores


"Las épocas vigorosas vieron en la falta de egoísmo algo despreciable." Friedrich Nietzsche


La organización de la sociedad de masas de la cual somos hijos, ha llegado a su inminente fin hace ya unos años, incluso los sistemas electorales ya no se manejan de forma partidaria sino resaltando los espacios en base a un liderazgo o un bloque específico, inclusive supuestamente bajo una misma ideología política como pueden ser los casos de los diversos peronismos, radicalismos, o incluso diversos partidos de izquierda troskista o socialista. Aunque lo curioso, es que a pesar de esta muerte de las democracias de masas o de los liderazgos que representan a clases sociales específicas, parece que la pendiente continúa, es decir, la demagogia, la decadencia, esto es, la socialización.

¿En qué consiste la socialización? ¿Por qué podemos llamarla demagogia? ¿Por qué es decadente? Todas las preguntas deben ser respondidas debidamente, porque estamos equivocando bastante el camino hacia una mejoría, por ser generoso con las necesidades. La socialización constituye un engaño, una trampa, aquella que quiere solucionar los problemas sólo en la superficie, donde parecen que todas las soluciones simples son las que más gustan a los oídos, y que la exacerbación de las "buenas consignas", y de las "simples soluciones" conmueven a muchos ciudadanos, que viendo las complicaciones de los distintos gobiernos, desde la oposición siempre resulta cómodo plantearlas, peor aún es cuando se plantean desde el gobierno, como lo son el caso de pretender combatir la inflación poniendo una cantidad de productos a precios controlados por el gobierno mismo, ¿combate la inflación? De ninguna manera, pero simula compromiso y decisión, lo cual no hace más que enmascarar la demagogia, nuevamente. Pero de ninguna manera esto es un problema de un partido o de un espacio, o siquiera de un gobierno, de hecho, el actual gobierno también realiza este tipo de acciones demagógicas, como es el caso que pretende hacer la reforma impositiva cuando vengan inversiones y el país crezca, es absurdo, pasa justamente al revés. El problema de no querer dar saltos cualitativos y sólo se fijen en dar saltos cuantitativos (más votos para elecciones inmediatas, pensamiento a corto plazo) en nuestra historia es progresivo (negativamente), y lo viene siendo hace tiempo. Incluso aquellos movimientos que pretendían hacer algo distinto en ese aspecto, o han terminado siendo cooptados, o sus partidos fueron desgarrados desde su centro, como lo son los dos partidos más importantes de Argentina: el radicalismo y el justicialismo.

Ambos movimientos empezaron por buscar una integración a la vida de la organización nacional a distintos sectores que comenzaban a ser cada vez más productivos económicamente, pero dicha integración no se veía en sentido clasista, sino más bien, "poner las piezas que faltan" y re-ubicar lo que queda para que la rueda siga girando, el problema fue cuando por falta de estructuración de los principios y las ideas, ambos movimientos acabaron dispersos por los elementos socializantes y clasistas, mientras que sus partidos se oligarquizaron, sufrieron la gangrena de lo inmóvil, y con ello, la imposibilidad de alcanzar su propia progresividad, su propia mejora constante. En el momento en que se trató de depurar las propias ideas para salir de la contaminación de estos elementos demagógicos, ya era demasiado tarde, en el caso del radicalismo, sus más valiosas perlas dieron un salto en apoyo del naciente justicialismo, y en el caso de este último, acabó por devorarse a sí mismo en sus mejores cuadros, y hoy día hay muy poco del movimiento puro que exista (por no decir que casi nada) y en su partido se consolidan el catálogo más vasto de los peores elementos de la política, apagando el deseo de muchos de cualquier nuevo intento de devolución a su mejor senda. Fuera de esos dos ejemplos históricos, los demás partidos no conforman más que una maraña de incoherencias por un lado y de extremismo totalitario por otro. Pero más allá de las profundas diferencias, todos coinciden en algo: la socialización, la nivelación de los individuos y la mediocridad de soluciones, que como dije, apuntan al efecto y no a las causas, inclusive muchas veces se las confunde, lo cual habla de la vergonzosa calidad que tiene la clase dirigente nacional. El hombre es una cuerda, un limbo entre la bestia y el super-hombre, diría a quien cité en el comienzo, y eso se ve también en la (in)evolución de los espacios en sus propuestas y en el enfoque de las ideas, que a simple vista denota que carecen de visión general, incluso desconocen cuál es la raíz profunda de su pensamiento, no les pertenece, alguien se las dio prestada, arrendada, para luego cobrarse el peso de intereses, y los intereses suben, así como la decadencia se profundiza: una idea dejada librada a su propia suerte es la pasividad de soltarse en el limbo, la mediocridad no se mantiene mucho tiempo en su propio peso, si no se dirige uno hacia lo más alto, desciende cada vez más.

En cuanto a la nivelación de los individuos, también se dice mucho entre dirigentes y algunos periodistas, de que nuestra sociedad va al colapso por el egoísmo, ¿cómo? Si de lo único que se habla en política es de la buena caridad, las buenas intenciones sociales y la gran sensibilidad desinteresada, y para colmo se vota con ese criterio, ¿cuál egoísmo entonces? Yo diría más bien, la falsa moralidad, o el moralismo de ponderar el desinterés...en el otro, claro, ya que el desinterés de los demás es un beneficio para uno, es decir, aquellos que ponderan con más fuerzas la caridad y el altruismo son quienes buscan en aquello un beneficio, ya sea porque lo hacen y buscan su "justa retribución", o bien, cuando el otro se inmola en nombre de todos. Se constituye entonces la ponderación del sacrificio colectivista, lo cual deja ver que aquella moral del desinterés esconde un profundo interés por mantener un status mediocre, tanto por parte de los dirigentes, como por parte de quienes pierden el interés supremo en sí mismos, no ven más allá del momento inmediato, y en consecuencia, por olvidarse de su egoísmo, de ocuparse de sí mismos, olvidan también cómo ocuparse correctamente de los otros, a quienes quieren en vano, hacer un bien. En el caso de los dirigentes, esto se ve en su falta de visión a futuro, falta de planificación, y también alimentado por un sistema pésimamente diseñado, donde el incentivo es precisamente vivir pura y exclusivamente del hoy, el diseño de este funcionamiento hace que las autoridades máximas, las que forman a la población y le dan un rumbo y una cadencia, terminen contagiando y hasta obligando por instrumentar políticas fallidas que incentivan a la población a contagiarse de esta falta de futuro, ¿quiénes les han prestado a nuestros antecesores la esponja para borrar nuestro horizonte? Si bien los políticos tienen muchísima culpa en esto, las personas como individuos pudiendo re-afirmarse y luchar taxativamente contra todo este estado de cosas, eligieron la pasividad de la situación y la conformidad, que les permite cada tanto un rato de soberbia, en el cual se lavan las manos siempre diciendo "la juventud está perdida", cuando se olvidan de que la juventud la formaron ellos.

Nuestra generación al estar profundamente desconectada de la anterior, siente hasta desprecio por los caminos y por los valores ponderados por nuestros antecesores, y me incluyo, ya que al ver un conjunto cada vez más pronunciado de fracasos cada vez peores, no podemos encontrar allí ningún ejemplo a seguir. Aunque a pesar de esto, debemos tomar esta situación heredada no como una horrible contingencia, la actitud a tomar en esto es una profunda inversión de valores, y tomar esto como un reto, elegir y abrazar lo que nos ha tocado, para hacer de la situación algo elegido por nosotros, para probarnos, y demostrar que el ser humano no es un mero ser que reproduzca objetos de placer y de consumo, sino también lleva consigo lo más alto, la capacidad de crear la realidad en la que vive, y desplegar todo su potencial de libertad, la libertad que crea. No se nace libre, se elige serlo mediante una completa valorización del mundo que se encuentra ante nosotros, ya no como una cosa extraña, sino como una extensión de nosotros mismos, como un acto de dominio para con las cosas y las realidades. Es ésta entonces la base que nos permitiría salir de la absoluta incertidumbre, la afirmación de la personalidad y del individuo constituye la base para contagiar a los demás, quitarles el sentimiento gregario y socializante, desprenderlos de la demagogia de depender del otro, y enseñarles sobre soberanía personal, ya que otra forma no existe de conseguir un objetivo aún mayor como lo es la organización nacional, para los futuros dirigentes, la tarea es el culto por la realización personal, para que de una buena vez, la población no se contente con rendirle culto a un líder "X", sino también y principalmente a sí mismos, culto a la propia elección de vida, de acuerdo a la orientación de cada uno. La mejor inclusión que se puede dar no es amontonar personas como ganado para que dependan de las prebendas, sino brindar un lugar, un estamento donde cada quien dedique su vida a lo que su propia perspectiva lleve, contribuyendo al bienestar de la población en su conjunto sin conformismo, ya que no habrá mejor ejemplo que aquel en donde la búsqueda no sea de la conformidad, sino ya de la excelencia.

Lucas Cianfagna.-