martes, 28 de abril de 2020

🌘 Estado de excepción

                                      
      
"Durante una emergencia...la constitución escrita de un Estado es suspendida y el parlamento no puede mantener el debate sobre qué curso de acción tomar. Este Estado de emergencia revela, no sólo quién es el soberano, sino en base a qué toma decisiones afectando la vida y la propiedad de los sujetos. De ahí en más, mientras su toma de decisiones sea efectiva, se revela la verdadera constitución existencial o el 'ethos' de su pueblo."
Jason Reza Jorjani - "World state of emergency"


Para hablar de lo que es un estado de excepción en sentido político, primero hay que barrer con algunos presupuestos de lo que es la "lógica" del positivismo jurídico, que ataca el aspecto decisionista del Estado, como también el aspecto de soberanía, ya que en los hechos poco se habla de ambas cosas, pero que son de vital importancia no sólo para entender qué pasa con algunos países a raíz de la pandemia, sino también para tener un criterio de qué se puede hacer.


Primero que nada, toda teoría y principio filosófico que se tenía supuestamente en cuenta queda barrida por el estado de excepción, claro que muchos dirán que siendo una situación de emergencia no hace más que confirmar la regla/norma o que no se condice con el resto del tiempo en una situación "normal". Como diría el buen Carl Schmitt, la excepción lo prueba todo, porque es a partir de ésta se funda una nueva normalidad, como les gusta llamar a varios. No existe normalidad que no haya sido fundada a partir de un estado anterior de excepción que puso en jaque todo lo que hasta ese momento era "lógico", "obvio" y "evidente", es decir, la norma depende del momento de decisión que se evidencia más que nunca en un estado excepcional.

Por eso se menciona que "la excepción lo explica todo", porque es condición sine qua non no existe lo que hoy asumimos y damos por sentado. Los equívocos se dan en primer lugar porque nadie nunca espera vivir o tener que ver la excepción, o ser parte la poca probabilidad estadística del 0,001%, pero siempre a alguien le toca y hay que hacerse cargo cuando pasa.

Hablar de decisión para la literatura común es hablar casi de facultades extraordinarias, casi pretendiendo que toda decisión ejecutiva (presidentes, primeros ministros, reyes, cancilleres) siempre tiene que basarse en el poder legislativo, y toda decisión jurídica del poder judicial debe estar amparada en una norma ya establecida, y lo importante es tratar de respetar "la jurisprudencia", donde la soberanía parece una discusión de siglo XVI, y donde en un supuesto "mundo de buenas intenciones" y de "paz democrática" los que tienen problemas es porque quieren, en parte es cierto, pero hay muchas otras implicancias, y tampoco el mundo es ese lugar pacífico, al menos no para quienes tienen sentido de la decisión propia.


Yendo entonces al tema de la pandemia de una vez, podemos ver cómo distintos estados en Occidente tomaron medidas que no eran exactamente medidas que hacen a una "democracia liberal", sino por el contrario, recuerda más a la "cortina de hierro" de la Europa dividida, pero los territorios del lado occidental se parecen hoy más al lado oriental, pero precisamente por eso no se trata de una tendencia oriental de europeos, sino más bien de quien se viene configurando como nueva potencia ascendente y en consonancia con grandes grupos financieros y corporaciones: China.

Su influencia es más que notable en los distintos organismos de la ONU y especialmente ahora en la OMS a raíz de los encubrimientos sobre infectados y muertos del régimen chino de los que nos estuvimos enterando las últimas semanas; y esta influencia está generando las reacciones de los estados europeos y americanos, ya sean afines o contrarios a ella. De cualquier manera, se entendió la importancia del concepto de soberanía como reafirmación del poder de tomar decisiones en estado de excepción, así como la importancia que tiene decidir para terminar de una vez con la repetición de algo que ya no tiene más aplicación, que es la vida normal.


El problema es que se entienda la decisión y la soberanía del Estado para que finalmente no haya ni decisión ni soberanía, ¿a qué me refiero? A que Occidente está en una nueva encrucijada donde todo lo que se pueda conservar, preservar o rescatar de nuestro legado está amenazado en la actualidad por formas de organización social ajenas y que nos son sumamente dolorosas a nuestro sentido de libertad que tenemos en todo el hemisferio. La decisión y la soberanía del Estado para que sean reales, deben ser retomadas en lo que hizo a la raíz primera de nuestra conformación como occidentales, nuestros padres Grecia y Roma, y todo aquel legado.

En este estado de excepción, las decisiones que se tomen serán un punto de partida nuevo, ya que no sólo se terminó la normalidad de la vida rutinaria a partir de la pandemia, se termina también la normalidad en la forma de interpretarnos y relacionarnos con nosotros mismos, y ahí la primer decisión soberana viene de nosotros como personas. Si se quiere avanzar a una "nueva normalidad" que sea más afín, que implique una reconfiguración del mundo en un escenario más equilibrado, no queda más que ampararse en la realidad, y la realidad es que las decisiones soberanas que no tomemos nosotros, las van a tomar otros por nosotros y no precisamente considerando para nosotros lo mejor y más conveniente.


La realidad nos dice también que los momentos excepcionales son grandes oportunidades para replantearnos todo lo que veníamos haciendo, y con el criterio adecuado, encarar la nueva etapa apoyándose en uno, y no siendo una hoja en la tormenta. Si seguimos con el mismo criterio anterior que nos llevó a este estado de cosas, el escenario es de absoluto pesimismo; pero al mismo tiempo si pensamos tomar la iniciativa y empezamos a pensar en "el día después", y de qué manera encarar una reconstrucción nacional, para poder incertarnos en esta realidad estratégicamente y dejar una vez de ser convidados de piedra, porque esto que quizá los argentinos padecemos hace tiempo, lo están viendo quienes parecían los mimados del modelo global, y hoy sus pueblos se juegan por la libertad o la esclavitud.

De estas decisiones excepcionales nos tenemos que hacer las preguntas fundamentales, donde las máscaras y disfraces culturales ya no tienen lugar, porque en el campo de batalla de las ideas fundamentales no existen tibiezas ni grises, ni los "si, pero..", hay que decidirnos y hay que definir qué queremos ser, qué futuro queremos construir. Nos tenemos que preguntar entonces, ¿nos decidimos a ser o no Occidentales? La pregunta es excepcional, pero también lo será la respuesta, sea cual sea.



Lucas Cianfagna.-

martes, 3 de marzo de 2020

⚜️ Derecha como concepto de lo político


"El fundamento de todo Estado verdadero es la trascendencia de su principio, es decir del principio de la soberanía, de la autoridad y de la legitimidad." Julius Evola


El hecho de que hablar de una definición de derecha a muchos les resulte chocante, tiene que ver con un clima de época y una cierta hegemonía cultural -para no perder la buena costumbre de nombrarlo al amigo Gramsci- que es esencialmente de izquierda. Lo cierto es que muchas veces se habla desde categorías de izquierda fuertemente instaladas, pero alegando que esto no es así, principalmente porque se desconoce el origen filosófico, y se confunde una definición filosófica profunda de una idea, con una simple ideología atada a un determinismo económico. Si hablamos de ideas de izquierda o derecha, empecemos definiendo qué es cada cosa, pero en todo caso primero estemos seguros que hablamos de política y no de economía....ahhh, pero es ahí precisamente donde queda en claro quién es quién, entonces empecemos por ahí.

Las ideas de izquierda y derecha tienen un origen pre-revolucionario, esto es, antes de lo que se conoce como "Revolución francesa", pero a partir de ésta, esas categorías cambiaron por tener un tamiz distinto. Antes derecha e izquierda tenían que ver con el acercamiento o alejamiento de la noción de Estado, orden y soberanía en un sentido de autoridad, jerarquía e imperio de legalidad (respectivamente, quienes más se acercaban eran de derecha y por tanto quienes se alejaban, de izquierda). Por lo tanto el concepto eminentemente político en función de una idea (ascendente), bien diferenciado y en equilibrada tensión con el mundo de la "sociedad" y la "economía" lo daba la derecha, mientras que la regresión del concepto de lo político en sentido estricto y autónomo para que éste se subordine al mundo de la  economía, es eminentemente de izquierda.

Siguiendo el razonamiento podemos decir que lo que hizo la "Revolución francesa" fue más que un cambio de régimen, también fue una resignificación de conceptos. El mismo concepto de "revolución" que existía previamente se trataba de un "restaurar" o de un "volver al punto de avance" (la raíz latina "re-volvere"), lejos está de un cambio abrupto y de reversión de un orden, todo lo contrario. A partir de este evento histórico, lo político pasa a estar subordinado a lo económico, "el demonismo de la economía", alrededor de lo cual gira toda definición, ya que una ideología moderna sería definida por el modelo económico que sustenta, o por la determinación de un factor económico, histórico o cultural y no por el postulado filosófico de la idea política en sentido autónomo y libre de las manos de la economía o la materia.

En conclusión, hay una noción distinta de jerarquía, o mejor dicho, una anti-jerarquía. Por este tipo de cosas, es común que nociones que son en origen y en realidad de izquierda, se consideren de derecha, más aún desde la difusión cultural y la profundidad con la cual se aceptó esta estructura de ideas, cada vez más al día de hoy. Tanto es así que con el tiempo se fue haciendo cada vez más difícil defender una postura de derecha, y para colmo, malentendiendo lo que esto significa.

Al menos debemos reconocerle a la izquierda que no ha perdido el ejercicio intelectual, ni tampoco los debates internos. Cosa que la derecha prefirió resignar y dar un paso al costado, permitiendo que sea la misma izquierda la que defina en lugar de buscar una definición propia. Lo peor del asunto es que se ha aceptado incluso, el sofisma de que la izquierda culpe a la derecha por cosas que la izquierda misma ha ocasionado, o más absurdo aún, que en un debate europeo, se vea una izquierda socialdemócrata o progresista pretendiendo advertir sobre intensiones horribles de la derecha, más allá de lo que los programas políticos de los partidos de derecha digan, mientras ellos han demostrado fácticamente haber fracasado en sus gobiernos, ya sea por la demagogia o por su alejamiento de la realidad, ¡y se lo permiten!

Una noción de derecha definida en su acepción original sería un realismo de la idea, una definición contundente y autónoma de todo lo que sea económico, porque los medios económicos son variables en función de la idea-fuerza que se tiene, habiendo aceptado la realidad, para pretender transformarla. Una derecha auténtica significaría un concepto de lo político que ordene el mundo de lo social, de lo económico, de lo simplemente "naturalista", porque lo eminentemente político es lo que permite trazar un objetivo, proponerse un destino y moverse en función de él. La derecha bien definida sería el origen del concepto de lo político, porque nada se puede definir si no es de forma autónoma, y para que la política sea autónoma del determinismo material, precisa un ordenamiento de ideas. 

Por lo tanto, el concepto de Estado quedaría fuera de lo que suele ser un mero ente administrativo y cobrador de impuestos, se trata de una idea trascendente que sintetiza la unidad de un pueblo y forma lo que sería el concepto de una "nación". La nación existe sólo a partir del Estado, porque la nación sería un pueblo que sobrevive a través del tiempo a partir de un objetivo trascendente.

¿Seguís llamando de derecha a alguien que se define políticamente según criterios económicos? Te tengo noticias, ese alguien es de izquierda también, porque desprecia el Estado, la noción de orden político y de legalidad más allá del mundo de la economía. ¿No estás familiarizado con estas formas de conceptualizar? Estarías conociendo por primera vez la derecha, mucho gusto.

Lucas Cianfagna.-

martes, 9 de abril de 2019

Para aquel que pensó haciendo

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«La libertad, expropiable por la fuerza antes de saberse el hombre poseedor de un alma libre e inmortal, no será nunca más susceptible de completa extinción. Los tiranos podrán reducirla o apagarla momentáneamente, pero nunca más se podrá prescindir de ella: será en el hombre una “conciencia” de la relación profunda de su espíritu con lo sobrehumano. Lo que fue privilegio de la República servida por los esclavos, será más adelante un carácter para la humanidad, poseedora de una feliz revelación».
Juan Domingo Perón - Congreso de Filosofía de la Universidad de Cuyo 1949.

Hace 70 años se inauguraba una gran época existencialista en Argentina, nada menos.

En una época en la cual las ideologías dogmáticas del siglo XX han quedado ya obsoletas, aquel pensamiento argentino sigue vigente, pero requiere una vuelta de tuerca.

Para superar el nihilismo contemporáneo es necesario entender la realidad de que el impulso por ir más allá de la inercia es "potencia", requiere de la voluntad para concretarse.

Los argentinos hemos llegado a esa conclusión muchas veces cuando decimos que acá "está todo por hacerse", he ahí la cuestión.

Si la Nación Argentina es una potencia, se condice con la realidad de que los grandes segundos términos en ideas que ataban el saber a un dogmatismo han muerto, no queda más que una relación realista, o sea directa con la realidad.

Esta gran época de crisis también nos recuerda al origen, cuando teoría y praxis no estaban separadas, cuando la idea y la materia formaban una unidad indivisible. Aquel proceso dinámico y continuo nos señala que en el mismo hacer está la teoría y lo que conformaría de la mejor manera un ideal.

¿Qué nos queda entonces? Reconocer que la realidad se encuentra libre de todas las demás cuestiones que antes la ataban al prejuicio ideológico (dogmático) y que en cambio debemos conformar un ideal entendiendo que si nuestra Nación es sólo en potencia, tiene en sí la infinita posibilidad de Ser, pero aquello requiere más que nunca que ese ideal se conforme a "sí mismo" haciendo.

Una vez más: Argentinos, ¡A LAS COSAS!

Lucas Cianfagna.-