viernes, 3 de noviembre de 2017

Superación del clasismo

"De acuerdo a tales premisas es necesario apenas decir que el primer paso a cumplir para normalizar la economía es la superación del clasismo, residiendo en ello la causa primera del desorden y de la crisis de nuestro tiempo." Julius Evola

Muy pocas veces he dedicado escritos al tema económico, y sólamente en casos aislados, pero lo considero necesario, puesto que en el ámbito de la ciencia política se ignora mucho la cuestión económica como ciencia, y al mismo tiempo hay un desembarazo de la economía entendido políticamente, quizás lo mejor sea brindar un análisis de por qué las cosas se han hecho mal, y proporcionar la solución que el tema merece. En primer lugar, librar a la economía de la política, pero no para que la economía sea salvaje o que logre negocios oscuros e ilegales, todo lo contrario, el principal objetivo de volver independientes ambas áreas en sus actividades, es que la economía y la política retornen a su sendero original, es decir, que lo público y lo privado ocupe su espacio respectivo, así se recupera también el sentido cualitativo de cada ámbito.

En el plano económico, hay una actitud economicista y mecanicista, una concepción totalitaria de la sociedad vista sólo del aspecto económico, como si se tratara de un asunto de tecnócratas, como acostumbra el actual gobierno, esperando la respuesta anticipada y racional de los habitantes, lo cual dista mucho de lo que significa entender la conducta humana y su accionar. Muchas veces los economistas cometen el error de no poner en el debido contexto político a la economía antes de hacer el análisis, lo cual se condice con este tipo de entramado tecnocrático. Así también, los analistas políticos cuando deciden opinar y mostrar su visión se ven influenciados por el germen cultural que Argentina, por ejemplo, tiene en cuanto a temas económicos, ignorando toda evidencia y regla científica, entonces incurren en que "ni mucha intervención, ni poca intervención", cuando no es de intervención que se trata, sino de formar una cadencia y un espacio que propicie la actividad en su mejor desarrollo. Los políticos debido a su entramado economicista y tecnócrata, conocen bien que es bueno para ellos meter las narices en asuntos de producción, de distribución, de precios y de regulaciones, como si eso en todos los años que se vienen haciendo hubiera tenido algún buen resultado, pero es que no interesa esto, sino que el objetivo es la ganancia inmediata, no del empresariado honesto que arriesga, sino de los políticos que amenazan o se asocian con dicho empresariado para dictar las reglas de la producción, en un esquema dirigista propio de modelos extremadamente burocráticos, como lo fue el modelo romano antes de la caída del imperio y la invasión de los bárbaros, así como tenemos el ejemplo moderno de la U.R.S.S., cuyas variables fueron las mismas y se llevaron a un extremo insostenible. Nuestro gobierno ha hablado mucho, pero no ha hecho nada a fin de cuentas por cambiar algo de esto, resulta realmente difícil ser optimista, teniendo en cuenta que muchos de sus funcionarios, inclusive el mismo presidente, han mantenido negociados con sus familiares y empresas asociadas al Estado, lo cual pareciera que la supuesta solución es cambiar el disfraz para que no cambie nada.

Este dirigismo de la economía resulta de lo más nocivo, ya que no tiene en cuenta cuestiones de conocimiento por praxis y por experimentación directa, lleva a errores groseros, estancamiento y empobrecimiento, por no comprender que la actividad tiene su dinámica y que uno no puede dictar cómo han de ser los resultados de un proceso del cual no forma parte; es como si yo pudiese obligar a un plomero a que use las herramientas que yo le disponga hablándole desde un teléfono, no teniendo idea de dónde está, qué situación tiene, qué resolución conviene, y ni siquiera teniendo conocimiento del tema, etc. Este dirigismo no es más que una actitud totalitaria y decadente, que no comprende que cuanta más unidad haya en un sentido mayor de un entramado, mayor autonomía y libertades se le pueden conceder a las partes. Continuando con la idea orgánica, el totalitarismo ocurre donde no hay un centro fuerte en el Estado que disponga de los límites necesarios y una de manera armónica sus distintos elementos, garantizándoles a cada uno la autonomía de acción. Una economía dirigida por el Estado, no puede tener otro resultado que la corrupción, el apalancamiento de empresarios inescrupulosos, privilegiados y una oligarquía creciente, que encuentre palanca de lo público a lo privado, y viceversa, así nace esa relación espuria que se debe evitar independizando el aspecto político del económico.

En cuanto a la clase política, su liberación de cualquier vínculo económico más allá de la paga que perciban, debe garantizar las condiciones para castigar los negociados, la corrupción, la evasión y promover un desarrollo competitivo de quienes busquen emprender, basado en valores, por ejemplo el de la cualificación personal, la jerarquía natural y la sana competencia en un marco de leyes firmes. El objetivo no sería otro que darle a la economía un carácter de finalidad para la plenitud del desarrollo personal en cuanto a la vocación y a la perspectiva de vida, así como la política pasaría entonces a ocupar un lugar de jerarquía respecto de la economía, no para dirigirla ni meter la nariz donde no le incumbe, sino para establecer el mejor escenario institucional y jurídico para su mejor desenvolvimiento. A partir de esto, se puede hablar sin tapujos de una idea de corporación, así como existe en algunos países escandinavos y otros modelos interesantes de trabajo, donde hay acuerdos a largo plazo y fijación de pautas entre estructuras superiores (empresariales y líderes sindicales) respecto de las estructuras de base (trabajadores y convenios autónomos). Es necesario hablar de una estructura totalmente distinta de los gremios, para devolverles la dignidad organizativa, las mismas estructurándose en la calificación y la jerarquía natural, permitiendo una relación fluida con su contra-parte empresarial en sus grados más altos, y la traducción del reclamo de los grados más bajos del trabajo, que entienda de la situación y la dinámica de la empresa, así como garantizando una férrea unión basada en acuerdos mutuos que permita el mejor desarrollo para ambas partes. Para ello, se debe cambiar de raíz la propia ley sindical, y dejar atrás un modelo socializante, de sindicalización decadente, que simula una lucha de clases a nivel salarial y representa una auténtica oligarquía laboral, un derrotero que expresa esta búsqueda de asaltar la política desde la economía, una fuente de corrupción, extorsión y más empobrecimiento, otra gangrena del normal funcionamiento de la economía. 

Quedaria entonces la política devuelta a su sendero honorable que en algún momento supo tener, y la economía devuelta al sendero de garantizar una actividad de desarrollo humana que vaya más allá del salario y de la mera cuestión estomacal, sino incluso de brindarle una perspectiva a la persona basándose en lo que anhela y en lo que quiere ser, como decía Weber, la vocación. En esto no puede haber equívocos, ya se cometieron bastantes, y es necesario entender el rol que juega cada parte para comprender hasta dónde nos han envenenado con ideología socialdemócrata, pseudo-marxista y clasista, de ningún modo se puede lograr una política y una economía sana con la subsistencia de elementos disruptores, es por ello que la solución va más allá de la economía, sino que incluso es predominantemente política, la decisión de no ceder ante quienes pretenden destruir la paz social. La jerarquía del Estado por sobre la economía  y la sociedad, deben ser la premisa, para poder otorgar a cada ámbito su autonomía, siendo la política la que toma decisiones soberanas de proyectarse hacia adelante y disponer de la economía para los objetivos, manteniendo aún así su respectiva libertad de acción.

Lu
cas Cianfagna.-

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Lo orgánico en la idea de República

"Orgánico es un Estado cuando éste posee un centro, y este centro es una idea que informa a partir de sí en modo eficaz a los diferentes dominios: es orgánico cuando el mismo ignora la escisión y la autonomización de lo particular y, en virtud de un sistema de participaciones jerárquicas, cada parte en su relativa autonomía tiene una funcionalidad y una íntima conexión con el todo." Julius Evola

Como bien menciona el maestro Denes Martos, los sistemas de Estado que la humanidad pudo crear son dos: monarquía y república, y si los analizamos bien, no hay mucha diferencia entre ambos, sino más bien en los nombres y algunas atribuciones. El problema no es elegir entre alguno de los dos sistemas, sino el criterio y la razón detrás de cómo se configura uno u otro. Las monarquías que han sobrevivido, presentan casi en su totalidad este problema de criterio, algunas configuradas desde lo partidario, como es el caso inglés, donde muchos politólogos hablarán loas del modelo inglés, y consideran un "logro" que sea el partido el centro de la cuestión, pero el problema es que la acción del Estado determinada por un partido de turno es un problema, así como lo es cuando un partido único también lo hace (regímenes socialistas), o un partido hegemónico (la lamentable experiencia del Partido Justicialista), sea en monarquía o república. Volvemos a repetir, no es el sistema el problema, sino el criterio.

Como hemos dicho en otro momento, la idea jurídica de Kelsen descansa en un equívoco que Aristóteles hubiera contestado con contundencia: de ninguna manera un ente puede ser en potencia y en acto al mismo tiempo, de manera que "gobernante" y "gobernado" no corresponden a una misma persona de ningún modo, salvo que quien gobierne sea la ley y no la persona, pero de esa manera la ley sería el único acto, la única voluntad, que surge del Estado como un dios, la vieja idea totalitaria, como dijo Taylor "la obsesión moderna por los antiguos". Este era un proyecto que Kelsen planeaba para toda la humanidad moderna, el elogio a la burocracia y al automatismo, es decir, una idea liberal en su origen, que llevaría a un modelo donde la libertad es anulada, propio del iluminismo. Por lo tanto, queda claro que el pueblo no puede ser soberano, y que esto es otro punto más en la demagogia moderna de los analistas, de los panelistas, de los que están sumergidos en la historia sin darse cuenta, quienes no pueden pararse frente a la historia y decir "¡No!", los opinólogos de hoy no tienen capacidad de decirle que no a la época, ya que viven y comen gracias al tsunami de opiniones mayoritarias, por eso faltan sabios, faltan filósofos, y sobran opiniones vacías.

Volviendo al tema que me interesa tocar, la república, siempre surgen estos clichés llamados "división de poderes", "sistema de pesos y contrapesos", y el infaltable "el partido político es lo único que puede sostener un sistema republicano". Veamos uno por uno, primero la famosa división de poderes es un equívoco incluso para la ciencia política de hoy, ya que la división de poderes se ve más acentuada en un régimen de gobierno presidencialista como es en el caso de América en su conjunto, puesto que tal división no existe más que conceptualmente en Inglaterra por ejemplo, donde tienen un régimen parlamentario de gobierno, ahí podemos conceder un punto a favor de los ingleses, a pesar de lo que mencioné más arriba. En un régimen parlamentario se ve mejor que la división no es de poderes, sino de instancias del mismo poder, cosa totalmente positiva, ya que lo importante de entender es que el poder público, o sea, el poder estatal, no pueden ser varios, sino uno sólo. Las instancias del poder estatal sí pueden separarse sólo conceptual y operativamente, pero no se sustraen de lo esencial, que es el poder de acción del Estado, desde el soberano, que es quien toma decisiones, por definición. "El pueblo no gobierna, sino a través de sus representantes", entonces no lo hace, porque gobernar/ser soberano, implica precisamente ser la última palabra en toma de decisiones, que por obviedad, el pueblo no puede hacer nunca. 

Otro problema que los panelistas no ven, es que el sistema de pesos y contrapesos es un error de base: si una instancia del poder, como son el ejecutivo o el legislativo son siempre sospechados de corrupción o de siempre "llevar agua a su molino", ¿de qué sirve los ponga a controlarse entre ellos? De la misma manera en que si sospecho que dos personas pueden ser delincuentes, no tiene sentido que diga que deben controlarse uno al otro, puesto que lo que ocurriría es que por el contrario, pueden encubrirse mutuamente, como de hecho pasa. ¿Pero cómo es posible entonces este encubrimiento? Si es precisamente por algo que está por encima de la instancia de poder ejecutiva, legislativa o judicial, ese algo es el partidismo. La tercer idea de que el partido es lo más importante para un sistema republicano, ¿de dónde salió la idea? Podríamos decir en principio que viene de Rousseau, quien trataba de sostener esa incoherencia de la soberanía del pueblo, y cuando definía pueblo nunca se terminaba de decidir, porque no era la mayoría, pero es una voluntad que ni él entendía. Esa voluntad grupal (que es una contradicción en términos) funciona como una gangrena para el Estado, como una peste mórbida que lo vuelve enfermo y degradado, porque es una parte que se arroga la potestad del todo, por tanto, no puede ser el partido lo que esté por encima de las instancias de poder, porque ahí es cuando empieza el problema de que no se cumple la tan pedida "independencia de poderes", al contrario, el partido los pone a cooperar entre ellos para que la rosca circule mejor.

La solución para configurar una república, sería entonces que la concepción de república sea con la concepción de Estado una misma cosa, es decir, un único poder, del cual se desprenden tres instancias: judicial, legislativa y ejecutiva, puesto que nada atenta contra la autonomía de cada una  más que el partido por encima del poder público; si queremos que cada instancia funcione de forma autónoma. Para resolver los pesos y contrapesos en lugar de que se controlen entre sí, lo fundamental sería establecer las exigencias propias de cada instancia, o sea, el mérito que deben cumplir para no ser removidos del cargo, para que las instancias del poder sean realmente independientes, pero integradas a la misma acción del Estado orientada a un mismo objetivo común; los pesos y contrapesos deben ser propios de cada instancia, lo cual conforma una verdadera autonomía. A esto se le puede agregar la existencia de organizaciones intermedias, que sean las que medien entre la comunidad y sus autoridades, para terminar con esa noción de "representantes" que lo único que representan es la decadencia a nivel cultural y político en la cual se vive; prefieren decir con demagogia "que el pueblo decide" mientras sólo lanza críticas por redes sociales, en lugar de que haya una auténtica expresión de la comunidad en sus necesidades y que ésta sea consciente de qué debe reclamar a sus autoridades para que resuelvan. La república no es más que la continuidad de la monarquía una vez que ésta se vio degradada y se vio sin su fundamento primordial, por eso se debe plantear un nuevo fundamento para la república, uno que comprenda que el Estado es una herramienta de la comunidad de donde surgen las autoridades que guían esa comunidad hacia un destino común y trascendente. La comunidad debe participar en las instancias correspondientes que les son presentadas, no tomando decisiones, sino en la convalidación de autoridades y en la expresión de sus necesidades y anhelos. De eso se trata la "res-pública" que no es otra cosa que poner en manifiesto qué es lo que se hace en política, rendir cuentas como se debe, y esclarecer qué es lo que se debe esperar de una autoridad. 

En cuanto a la soberanía del Estado, es una atribución que no pertenece en su origen al Estado, sino al que es Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, que pueden separarse en cargos operativamente al igual que las instancias de poder, pero lo repetimos: no en lo que forma la razón de Estado, el principio sigue siendo el mismo, y sólo es soberano quien puede decir como última palabra: "Si", "No", "esto" o "aquello". Es el soberano el que imprime una forma a la comunidad, más allá de las libertades que son propias de cada ciudadano, de ninguna manera puede poseer la misma libertad quien es soberano que quien es gobernado, por la sencilla razón de que no se disponen a decidir sobre las mismas cosas. ¿Existen autoridades incompetentes? Por supuesto, por algo nos convoca el tema, pero eso no invalida el principio, mientras haya una persona capaz de sostenerse a sí misma con arreglo a ese principio propio, quien lo hace carne, permite que el principio sobreviva, y que eventualmente pueda volver a primar el principio sobre la convicción, el valor de la personalidad de sostenerse más allá de las circunstancias, que no es más ni menos, que el valor que se espera de un auténtico soberano.

Lucas Cianfagna.-

jueves, 12 de octubre de 2017

Día de la Raza: Respeto a nuestra diversidad americana


“Cuando los representantes de un determinado principio se revelan indignos, se hace de modo tal que el proceso en contra de éstos se extienda en seguida contra el principio en sí mismo, es más, se lleva sobretodo contra éste. En vez de limitarse a constatar que determinadas personas no están a la altura del principio y exigir que éstas sean substituidas por hombres calificados, por lo cual la situación de normalidad sea renovada, se afirma que el principio en sí mismo es falso, corrupto o decadente, que el mismo debe ser sustituido por un principio diferente.” Julius Evola

Sobre nuestro Día de la Raza, me urgen algunas reflexiones en torno a la decadencia cultural occidental, que toma un hecho tan trascendente y culturalmente enriquecedor como el de la Conquista y lo compara con un genocidio, sin tener el menor análisis serio sobre las civilizaciones anteriores, pretendiendo que se debe festejar la negación de dicho evento. Esto no significa que no podamos reconocer civilización anterior en los imperios existentes, pero que a la llegada de España, ya presentaban profundos signos de decadencia y de auto-aniquilamiento, con el detalle de que las poblaciones estaban en constante conflicto, el cual cesó luego de la Conquista. Pero pongámoslo en criollo, el Día de la Raza, lo convirtieron en el "día del respeto a la diversidad cultural", lo cual significa como dije, un día que celebra la negación de algo, y lo que es peor, la negación de nuestra identidad. Esto significa que la gran cultura occidental de hoy festeja negar hechos o arrepentirse de hechos, tener vergüenza de los hechos. No hay aceptación de la realidad, ni síntesis, mucho menos podemos pedir reducción de conceptos significativos para la mejor asimilación, desde ya. Una actitud infantil que pretende anular todo lo que no gusta de la historia, todo lo que parece "impropio". Como lo dice la cita que elegí, resulta absurdo criticar el principio simplemente por encontrar a los representantes que no están a la altura de la cualidad que el principio requiere, entonces optan automáticamente por cambiar de principio, así ocurrió también con los regímenes políticos y los sistemas de gobierno, instituciones, modos de organizarse; no obstante, tampoco se trata de hacer una defensa de lo pasado per se, eso sería absurdo, ya que las categorías que nos interesan en este día no son las temporales o puramente anecdóticas, sino más bien qué es lo que se puede trazar a partir del momento del hecho como originación de algo que podía mantener su cualidad propia más allá de encontrar o no representantes vivos, sólo basta con que alguien alcance dicho nivel para demostrar cuán vivo puede estar un legado, un principio, una doctrina o un valor. 

La identidad americana está muy poco conformada, o mejor dicho, muy poco estructurada en nuestras mentes para poder terminar de valorar esa gran asimilación que hubo en la recién nacida modernidad de Europa. España ha extendiendo por el contrario las tradiciones intactas en el territorio de América, pero consiguiendo un resultado asombrosamente mejor del que se esperaba, ya que incluso, el objetivo de la expedición era distribuir el Imperio Español por donde se pueda, incluso teniendo intención de acercarse a Oriente, con la sorpresa de encontrar algo nuevo, una nueva posibilidad, un nuevo renacimiento cultural y hasta ontológico. Lo que trascendió quedó simbolizado en la expedición, que dio como resultado lo que tenemos hoy, que ha tenido a pesar de ciertos conflictos internos, una conservación demasiado buena en cuanto a identidad e idiosincracia, pero que no hemos tomado la consciencia necesaria para integrarlo en nosotros mismos, y en nuestros pueblos, menos que menos en nuestros líderes, que viven intentando imitar a Europa por un lado (socialdemócratas) o bien tratan de hacer una apologética del indigenismo (populistas), ambos negadores de la gran tradición de nuestra identidad,  y continuando la dialéctica de lo decadente, unos desde la culpa y otros desde la victimización, en ambos casos vergonzosa. 

La literatura nos brinda la gran herencia del Quijote en su cinismo de anti-héroe, a modo tragicómico de cuestionamiento de una época. También nos brinda al Cid Campeador en cuanto a héroe épico, que no deja de tener sus tensiones y sus luchas internas, allí no se muestra un personaje de fantasía, muy por el contrario, se ve un héroe que tiene que decidir sobre aspectos mediocres o aspectos que lo definirían como héroe, optando por éstos últimos, pero nunca negando la constante condición del hombre de tener que luchar contra lo peor de sí mismo. Es aquel gesto de no bajar la espada nunca, de siempre actuar en consecuencia y cuanta mayor la dificultad mayor es el gesto de reacción, toda esa diversidad de valores se pueden encontrar también en nuestro Martín Fierro como la gran continuidad y apropiamiento de lo mejor de España, que culminó en América, nuestra América. No es nuestra intensión continuar guerras pasadas, ni enfrentamientos nacionales que ya no tienen vigencia, como el de Unitarios y Federales, ambos de alguna manera u otra han continuado aquello que se nos legó de nuestro Padre Patrio, que en decadencia supo ser tomado por nuestros libertadores, habiendo quedado trunco su proyecto de independencia, y ésto se vio inmediatamente en la guerra civil, y más adelante en los constantes enfrentamientos de dos facciones que hemos tenido a lo largo de nuestra historia. 

Hay una infinidad de razones por las cuales hemos auto-boicoteado cualquier proyecto a futuro que pudiera conformar finalmente una identidad nacional más allá de las pasiones inmediatas, los mundiales, los actos públicos y los libros de historia. Se trata de generar un sentir y un modo de entenderse a sí mismo como individuo diferenciado entre pares que comparten un valor, un principio y una dignidad, ya que a decir verdad, jamás se nos escucha llamarnos a nosotros mismos "americanos", sino sudamericanos o latinoamericanos, pero siempre desde el condicionante despectivo, como resignándonos a ser "la pobreza y la corrupción endémicos". Quizás debamos empezar por donde empezaron siempre los grandes, y no tratar de evangelizar a las personas de alguna forma u otra con la identidad, no empezar por lo más abarcativo para no apretar poco, y empezar en cambio, a mirarnos a nosotros mismos hacia adentro, para poder entender desde dónde nos paramos y poder empezar un camino que es largo y que es difícil, pero que nos probará como personalidades que se dispusieron a crear algo grande, desde la nada misma. Ya que como se dijo muchas veces, y los homenajes son la prueba viva de esto, el ejemplo no es la mejor forma de enseñar, es la única.

Lucas Cianfagna.-