viernes, 22 de mayo de 2020

🏰 El origen realista del Estado


"Sólo en función del Estado la nación existe, posee un conocimiento de sí, una voluntad, una superior realidad." Julius Evola


¿Por qué cuando se habla de "nacionalismo" suele haber un rechazo que surge de forma natural? ¿Por qué se habla de "nación" de forma autónoma y ligada solamente a su historia y costumbres? ¿Por qué se habla del Estado sólo en sentido economicista, de "cuánto recaudo" y "cuánto puedo gastar"? ¿Por qué se hace una diferencia radical entre idea y realidad? Voy a basarme en estas preguntas para ir desarrollando y revisando algunos equívocos.


Para empezar, no es de extrañarse que cuando uno escucha o lee "nacionalismo" lo primero que viene a la cabeza son personas adoctrinadas y vestidas de manera uniforme queriendo imitar alguna época pasada a la cual muchas veces ni conocieron y sólo idealizan en la historia (estudiada ésta de forma parcial y sentimental). Esto pasa porque crear conceptos y nuevas formas de abordar un principio requiere: primero conocer el principio y mantenerlo en su propio plano (alto), en segundo lugar, no confundir el principio o idea con una o varias maneras históricas en que ese principio se ha expresado en el tiempo (bajo), y tercero, tener incluso la capacidad de luchar contra los que "siempre quieren volver" a épocas que nunca volverán y atreverse a sufrir sus consecuencias para que ese principio viva una vez más.

Por otra parte, cuando se habla de "nación" se la suele asociar en sentido puramente histórico y hasta territorial (biológico), ¿y por qué no? Positivista. Cabe aclarar que no tendría ningún problema en que se defina de esta manera si no fuera por el hecho de que en teoría se está hablando de política, y para hablar de política los conceptos no admiten vaguedades ni equívocos. El sentido político de la nación se lo otorga el estatus producido por la unidad política ("status" romano, significa "modo de ser del pueblo"), o sea, el Estado, más allá de la forma contingente e histórica que tenga en el tiempo, el principio que trasciende la historia es el que nos interesa. Siendo el Estado entonces definido en su principio e idea, más allá de la forma específica que adquiera en cada momento histórico, estamos entonces ante un principio formativo, ¿y qué sería lo que forma? La nación. ¿Por qué? Porque el concepto de nación es político, y al ser el Estado lo que presupone el concepto de lo político en cuanto a unidad, la nación vendría a ser la manifestación de ese principio de unidad expresado en el tiempo y lugar que toca.
 
Continuando con esta línea, el hecho de que sea el Estado definido por lo que recauda, lo que gasta y lo que reparte, debería ser por lo menos un chiste de mal gusto. Si el Estado lo podemos definir como un principio que unifica y sintetiza lo político más allá (repito) de sus expresiones históricas, ¿qué tendría que ver esto con una función puramente administrativa y hasta a veces sólo burocrática? ¿Cómo vino a menos un concepto fundamental en una simple función mecánica? Como siempre, esto nos obliga a bajar al terreno de la historia, y en esto retomamos las líneas sobre la definición de una derecha política, y nos encontramos con que todos estos equívocos se deben a una idea común que proviene de un fundamento de izquierda, o sea, anti-estatal, anti-jerárquico y contra la legitimidad misma del Estado. ¿A quiénes me refiero? A los liberales. Principalmente por ser los primeros en ir contra la idea más fundamental del Estado, no nos engañemos, ellos mejor que nadie supieron contra qué estaban queriendo luchar, por ello el éxito ha sido rotundo y hasta persisten en el tiempo sus consecuencias, cosa que al socialismo marxista le ha costado más sostenerse, y para hacerlo no tuvo más remedio que adoptar de cierta manera el modo y pensar de liberales.


También hay que considerar una fundamental separación que se produjo con la degradación del Estado, y es la separación entre la idea y la realidad, que ha conformado prácticamente las dos columnas de los debates epistemológicos en todas las disciplinas humanísticas. Esta separación además de traer problemas, trajo consigo un equívoco del inicio, que es considerar que la idea y la realidad conforman dos planos diferentes de existencia, cuando las ideas no se tienen sino respecto a la realidad, y más aún, dentro de ella. La idea que trata de sustraerse de la realidad termina siendo aplastada por los hechos que no quiso ver, de la misma manera en que la realidad que no entiende que parte de un análisis de ideas para "ver las cosas como son", termina por no entender qué ideas confluyen y ordenan la realidad que percibe.

¿Cómo ocurre esto? Fundamentalmente porque se asocia "idea" a "sentimiento" ("cómo me gustaría que las cosas fueran"), y se asocia "realidad" a "números" o "las cosas son así y sólo podemos estudiarlas sin hacer demasiado". El hecho de que la idea no forme parte de la realidad, interpretándolo de alguna manera me está diciendo que "de la realidad mucha idea no se tiene", y que de no organizar lo que percibimos, sólo somos acumuladores de cosas sin ningún fin ni sentido. De cualquier manera, ya sea por aferrarse a la pura "idea" o a la pura "realidad, se desemboca en el fatalismo, y por tanto la libertad quedaría totalmente anulada, tanto porque la realidad no sea nunca suficientemente alta para la idea, o porque "las cosas son así y nada se puede hacer", o mejor dicho "no tengo idea de qué hacer con ellas".

El realismo político nunca deja de tomar como base principios y fundamentos, o sea ideas, por lo tanto no tendría sentido ni "realidad" separar ambas cosas. El punto de partida para una integración de la realidad en todos sus aspectos es desde las ideas, pero en forma operativa que se entienda que la única diferencia entre idea y realidad es el grado de intensidad de una respecto de la otra; en otras palabras, la idea es una realidad en potencia, mientras que la realidad es una idea en acto. Desde este mismo esquema práctico se entiende mejor la idea política de Estado, y el aspecto en que "forma" la nación que no existía sino en potencialidad, para que sea realidad pura, acto, y también la libertad tiene esa misma condición. 

Quizá entonces el punto importante sea analizar los grados mediante los cuales una idea pasa de ser pura idea a pura realidad, ya que ese intermedio es en lo que nos encontramos todos, en el día a día, en la acción cotidiana, y mucho más aún, en lo que haga o no un Estado que se precie ser soberano. La única pregunta que quedaría es, ¿qué permite recorrer los matices que existen entre una idea política y la realidad política? La respuesta es aquello que tenemos que recuperar para que haya soberanía del Estado y también libertad personal: la voluntad.


Lucas Cianfagna.-

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