"El hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento, no encuentra obstáculos en su voluntad."
Thomas Hobbes
Continuando la línea de lo que empecé definiendo como una derecha en sentido político autónomo y libre de determinismos económicos, me propongo continuar con algunas reflexiones en torno a la naturaleza del Estado en un sentido profundo.
¿Y a quién mejor para referirme que al maestro Hobbes en la definición concreta de Estado? Sobre todo me interesa en el antagonismo que plantea entre Estado vs Revolución personificado en las figuras míticas del Leviathan, como bestia del agua representante del orden estatal y la ley; y el Behemoth, como bestia de la tierra ligado a la anarquía y al fanatismo religioso, respectivamente. En el mito bíblico, el Leviathan siempre resulta victorioso respecto del Behemoth, siendo aquello una representación del triunfo del orden y la unidad política sobre el caos y la guerra civil permanente, que era el tema de la época de Hobbes (S. XVII).
En lo que me interesa indagar es en el fundamento del Estado, su núcleo y el concepto de libertad en que parece ser una contradicción a simple vista. La literatura economicista liberal ha tenido el atrevimiento de definir preceptos políticos y filosóficos partiendo desde la disciplina económica, herejía de la cual nos tenemos que encargar desde la filosofía política, puesto que los principios fundamentales si bien se inscriben y juegan en el campo de la materia, no están supeditados a ésta, ni al demonismo de la economía que nos tienen tan acostumbrados en esta época. A esta "guerra civil" conceptual sobre posturas antagónicas y definiciones equívocas, pondremos fin nuevamente invocando al Leviathan.
Lo que conocemos como Estado e individuo son conceptos que nacen juntos como nociones de contrato con la modernidad, es sólo un capricho de algunos revoltosos amigos de la anarquía que ponen estos dos conceptos en contradicción, cuando la noción misma de "Estado" nace para defender esta otra nueva noción llamada "individuo", que de no ser por un poder mayor al de los grupos sociales, éste quedaría absorbido completamente por ellos. Es decir, partiendo desde una base realista y no "idealista" de lo que "me gustaría que el ser humano fuera", el individuo sin Estado no sobrevive como tal.
Pero más allá de las razones prácticas, hay algunas otras que podrían llegar a servir al menos a modo interpretativo para entender por qué pasa esto en términos fundamentales. El individuo como palabra misma, expresa una entidad que no se divide, y el Estado al ser una unidad política en términos existenciales, tiene una clara similitud al individuo en un aspecto "macro" si se quiere. Podríamos decir que un Estado representa en gran proporción lo que un individuo es o aspira a ser cuando reúne y unifica todos los componentes contradictorios que lo hacen ser lo que es para mantener esa unidad o individualidad en el tiempo.
Si vamos al origen fundacional del Estado, se habla comunmente del "contrato" que existe en que los individuos renuncian al estado de naturaleza para recibir protección y seguridad, sin las cuales ni el comercio, la industria, el arte o cualquier otra forma de civilización es posible. No voy a negar eso de ninguna manera, pero sí quisiera ir más a fondo. Cuando hablamos de renunciar al estado de naturaleza en términos de nación y Estado, nos referimos a renunciar a la posibilidad de ejercer violencia dentro de la misma unidad política, ya que Hobbes escribió en una época donde el conflicto latente (por motivos religiosos) era insostenible, y digo latente porque Hobbes no habla directamente de una guerra civil desencadenada, pero sí del estado de naturaleza como esa "hipótesis de conflicto" que se da entre individuos, en los cuales la contienda está a la vuelta de la esquina y todo se vuelve inestable.
Es decir entonces, que hay una noción más bien psicológica en el posible conflicto que requiere plantear una resolución. Ahora, tampoco estoy diciendo que la solución es la de Hobbes, al menos no en su totalidad, para lo cual me gustaría traer a la mesa a otro autor que ha tratado esto, actualmente vigente en discusiones que refieren a la soberanía, el estado de excepción y la guerra civil, que es Giorgio Agamben.
Agamben señala algo de gran importancia en este sentido en su homo sacer, que es quizá el lado B de lo que implica el renunciar al estado de naturaleza en favor del poder estatal: el soberano como noción sagrada de lo que implica estar por encima de todos los grupos sociales, es de alguna manera el depositario de toda la violencia y "justicia por mano propia" a las que los individuos renuncian para otorgarle al Estado ese poder de ejercer violencia y justicia para aplacar lo conflictos.
Significa que el Estado es de alguna manera un sublimador de todo el estado de naturaleza agregado de los individuos, ¿pero qué pasa si consideramos esa noción a nivel individual? Que así como el Estado para crear orden y permitir la libertad entre individuos contiene todo lo que en potencia podría dañarlos por separado, el individuo podría tomar esa misma clave si hablamos del estado de naturaleza a nivel interno, inconsciente, que nos pondría en conflictividad con nosotros mismos y con las diversas tendencias que existen en la psique humana.
Si lo entendemos desde ese lado, un individuo sólo es libre respecto de sí mismo cuando logra unificar sus propias tendencias internas y las cohesiona en el sentido de su individualidad personal, lo que no significa negar los conflictos sino tener las herramientas "soberanas" para corregirlos e impartir "justicia" en sí mismo. De la misma manera podemos volver al Estado, para comprender que la libertad no sólo no es contraria a él, sino que incluso no podría darse sin él.
Así como la libertad es incompatible con un individuo librado a sus impulsos sin control alguno, la libertad al interior de una nación no es concebible sin un poder soberano que ordene aquel estado de naturaleza y permita la civilización y la libertad. Lejos de tomar la solución de Hobbes al pie de la letra, que ya sabemos cómo terminó en la historia, conviene tomarla desde la noción que tenemos sobre el ser humano en los aspectos más avanzados del pensamiento. Desde aquel entonces hasta ahora hemos incorporado la noción de inconsciente, la crítica a la racionalidad como objetivismo, la crítica al positivismo como un engaño; todo aquello nos tiene que hacer reemplazar el viejo paradigma hobbesiano del Estado-máquina/del hombre-máquina en el paradigma cartesiano, y tomar al ser humano en todo lo que conlleva, inclusive el aspecto negativo que estamos considerando sobre el inconsciente y el estado de naturaleza.
Como un apartado extra, ¿de qué manera podemos relacionar esto con la actualidad y el contexto que el mundo vive en las relaciones internacionales? Las naciones industriales como las conocíamos desde el desarrollo fuerte de la técnica están en franca caída por el paradigma globalista de degradación de la soberanía de los Estados, la incapacidad de decidir de un país por su propia cuenta sin que tal organismo, corporación o consejo internacional se sienta ofendido; a todo eso se le suma como mencioné anteriormente el avance Chino en la alianza explícita con estas instituciones y corporaciones, razón por la cual, debemos avanzar con nuevas reflexiones sin perder aquella herencia cultural e intelectual que hemos contruido como occidentales.
El Behemoth que simbolizaba para Hobbes en una bestia terrestre aquellas fuerzas que tienden a la anarquía y al conflicto por posturas fanáticas, todo lo que ha sido históricamente la amenaza a nuestra unidad como civilización, no es otra cosa que la expresión de nuestras propias debilidades, y hoy en el escenario político global se traduce en este declive del poder industrial y soberano de las naciones, porque como diría Marcelo Gullo, la industria es poder, y si no tenemos en cuenta esto, el conflicto latente a nivel social por la falta de empleo que ya existe, podría agravarse a escenarios de fragmentación territorial que serían irreversibles.
Esto nos tiene que llevar a recuperar las nociones de soberanía y de Estado que nos permita pensar en un mundo donde el juego político sea mucho más directo, más ligado al poder real de las naciones y no a intermediarios que no han hecho más que agravar todos los problemas que había.
El Leviathan de la soberanía, el orden y la libertad lleva dormido mucho tiempo en este lado del mundo, es momento de que despierte nuevamente.
Lucas Cianfagna.-

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