miércoles, 9 de mayo de 2018

Política como ética de la polis

 
"La máxima de la antigua sabiduría fue en vez: suum cuique tribuere (dar a cada uno lo suyo). Y, según la misma concepción platónica, la suprema misión de los jefes es la de proveer que la justicia, entendida en tal sentido, sea la que reine." 
Julius Evola


En la antigüedad clásica se hablaba más sencillo y se iba a lo importante sin tapujos, no porque fueran más machos, sino porque había otras condiciones que garantizaban a ciertos individuos la posibilidad de dedicarse pura y exclusivamente a la cosa pública. ¿De qué individuos estamos hablando? Básicamente de los varones mayores de edad con el problema de la economía resuelto. ¿Cómo era la economía en ese entonces? De carácter puramente familiar, o bien, de hogar como su raíz etimológica lo indica "oiko-nomia" ("la norma del hogar", o el "orden del hogar"), con lo cual la actividad económica lejos de ser una cuestión social, quedaba puertas para adentro, como bien marcó Hannah Arendt en La promesa de la política. Esto tiene una importancia no menor, ya que realmente se podía definir con claridad lo que significa hacer política, ser un ciudadano y en qué medida se es libre.

La libertad para personas como Aristóteles se vinculaba con la capacidad de ser un ciudadano, pero no cualquiera era ciudadano, lo eran aquellos que estaban librados de la responsabilidad del quehacer económico, lo cual les brindaba el tiempo suficiente para dedicarse de lleno a la polis. Otro término interesante que usa Aristóteles es el de la ética, y lo vincula directamente con la práctica de la libertad, tema retomado por Foucault en sus conferencias de La hermenéutica del sujeto, donde se retoma en la antigüedad clásica lo imprescindible que es la ética para entender la política, ya que la definición correcta también lo tiene la palabra misma, sería "ética de la polis".

Existe una confusión común de lo que es ética y se lo mezcla con moral, pero nuevamente podemos ir a las palabras en su origen para aclarar tantos. "Moral" viene de "mores", que significa "usos y costumbres", con lo cual la moral, tal y como menciona Nietzsche en su calidad de filólogo, se erosiona con el tiempo y va cambiando según las prácticas sociales. Ahora, la ética tiene que ver directamente con el individuo diferenciado, detalle no menor. Así como la economía y la política estaban bien diferenciados, a diferencia de la actualidad, también había una diferencia notable entre ética y moral, pero también sabían unir lo que había que unir. 

Los antiguos entendían que lo individual y lo colectivo no debía estar disociado, sino integrado armónicamente, cosa que a duras penas recordamos, porque vemos que las principales riñas ideológicas hoy van (llevado al absurdo) libertarios individualistas contra expropiadores marxistas, y ambos coinciden en algo, en que el individuo no se diferencia de otro, sino que conforman o un átomo disperso o una agregación como por ósmosis, casi como si fuéramos células. En cambio era imprescindible entender que la ética parte del individuo, pero como personalidad diferenciada de lo general, partiendo de esa base podía integrar una práctica social que tienda a que la persona se realice en la polis como ejercicio de libertad, que vendría a ser el ejercicio correcto de "ciudadanía", más profundo y distinto del que prometen los socialdemócratas que gritan en nombre de lo "cívico" y que poco lo entienden.  

¿Qué situación tenemos en la modernidad? Hablando mal y pronto, un quilombo. Sin embargo, el desafío nos motiva todos los días a buscarle la vuelta a estas cosas, y nos damos cuenta que después de 2 milenios y medio, los clásicos siguen teniendo vigencia. La situación de la economía está ligada necesariamente con lo social hoy día lo cual produce que la economía se ponga por encima de la política, así como tenemos la confusión de moral y ética, y por si fuera poco, pensamos que hay un muro infranqueable entre individuo y sociedad, ya que "sociedad" no es más que la relación de individuos que no se diferencian mucho y que establecen relaciones de beneficiencia puramente comercial; allí no hay ética, pues no se necesita, tampoco hay diferenciación, ni mucho menos realización de las personas. 

¿Cómo se soluciona esto? Volviendo a las fuentes, tan simple como eso. Devolverle a la política su sentido originario, poniéndose por encima de la economía para poner el sentido común de nuevo sobre la mesa, sin ignorar que la economía tiene sus leyes duras al ser una práctica social distinta de lo que era antiguamente, pero sin perder el foco de la importancia que tiene la armonía social y la cooperación entre individuos diferenciados. Como he mencionado varias veces, sin soberanía personal no puede haber en nuestro suelo soberanía nacional, es por eso que se parte de la ética para acercarse a la polis, es decir, para volver de una vez por todas a hacer verdadera política. Poner la política por encima de la economía garantiza volver a un sano ordenamiento, donde se resuelvan las necesidades básicas, con aspiración al bienestar individual y colectivo, y se pueda retomar la política con la libertad que caracterizaba a los clásicos. Esto sería, liberarnos de lo que nos ata al "aquí y ahora" para arribar a una política en sentido trascendente.

Lucas Cianfagna.-

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