"Hemos dicho y somos siempre de la opinión de que algunos objetos, conocidos como racionalistas, a menudo carecen notablemente de humanidad. Si por un momento dejamos de considerar la posibilidad de que lo que falta para hacer aquel objeto más humano se pueda compensar con perfeccionismos formales, y profundizamos en la esencia del problema mismo, nos convenceremos de que el elemento racional se limita a una parte sin implicar la totalidad." Alvar Aalto
Este gran arquitecto finés es considerado una eminencia en la arquitectura en general, y sobre todo para sus compatriotas, pero no sólo por la perspectiva técnica-formalista, la cual de hecho combatió hasta el hartazgo, sino en la ampliación de una perspectiva filosófica, de la técnica (techné) en el sentido más clásico posible, de un arte en su más completa concepción; y nos trae a la mesa una reflexión en base a una forma de ver el mundo que ha tenido su desarrollo en la realidad occidental del siglo XIX y parte del XX, que él se vio en necesidad de criticar desde su disciplina y en mi caso, yo traigo a la mesa esta reflexión de él, porque como todo fenómeno, en Argentina se replica con delay. Más todavía teniendo en cuenta que venimos oscilando en un interminable péndulo de errores binarios y de falsas alternativas entre dos salvadores, el mensaje es claro, no estamos dando en el clavo con la solución hace tiempo, y eso es porque tampoco dimos con el clavo en el problema, que es ya sistémico. En nuestro caso como argentinos, venimos de mucho tiempo esperando un gran salvador, y sin miras de criticar liderazgos, el problema somos nosotros, y por eso hay que mirarse al espejo y dejar de echarle la culpa a los demás. También nos venimos alimentando de grandes relatos, grandes puestas en escena, grandes eslóganes, y todas consignas de campaña en tiempos de políticas de Estado, algo de todo eso no viene cuadrando. Por tanto, la reflexión del amigo Alvar tiene mucho que ver con la época de ahora, y veremos por qué.
En una sana actitud de un hartazgo sobre el estado actual de cosas, la población se manifiesta en diversos ámbitos y ocasiones, mostrándose inconforme con que siga todo igual en ciertos aspectos, el problema es la pretendida alternativa, es decir, pasamos de la demagogia populista, a la demagogia tecnocrática, como si el problema se arreglara de esa manera, y ahí viene un poco el planteo del amigo Alvar, sobre no quedarse en la formalidad, porque ese es el racionalismo que de realismo entiende poco y que tiende a divorciar a la persona de su realidad, encerrándola en la lógica matemática como si no existiesen factores diversos y dinámicos que puedan hacer cambiar la base de números, y entonces el buen finés apunta a volver a enfocar la solución desde el problema. Franz Matzke escribía todo un tratado sobre realismo en la posguerra desde la perspectiva nórdica de su generación, la cual el mismo Alvar toma como punto importante de crítica a la forma de pensar romántica, idealista y angustiosa que tenía la generación anterior; creo yo que esa crítica bien vale para nuestro contexto actualmente, guardando una cierta semejanza en edad respecto a quienes Matzke representaba cuando hablaba de su "Nueva objetividad" ("Neue Sachlichkeit"). Venimos de reciclar una militancia setentista con reivindicaciones totalmente insólitas de lo que es matarnos entre nosotros y decir que era por el bien nuestro. Habiendo tenido la posibilidad de elegir el realismo de decir "BASTA" y poner la realidad sobre la mesa para empezar a planificar a futuro, elegimos el día a día y el relato que anestesie la madurez, al punto en que nos quejamos con mucha fuerza de lo que cosechamos.
Ahora en un intento por sacarnos de encima la nostalgia del pasado de los 70, abrazamos una racionalidad tecnocrática la cual nos vuelve a sacar el protagonismo de los hechos a nada menos que nosotros, los partícipes. Algo similar a lo que pasó en Europa en el contexto del racionalismo, cuando la idea teológica de Dios perdía vigencia, pero el problema fue que el reemplazo no llenaba el vacío de respuestas, se llamó a la diosa Razón para que ponga las cosas en orden, tratemos de adivinar si lo que pasó después fue poner a Occidente en orden, o si fue justamente todo lo contrario. Entonces nos daríamos cuenta que el problema no es a quién se ponga en ese lugar, sino que el problema es que se vive girando en torno a eso, sea lo que sea, en lugar de tomar cartas en el asunto y aceptar que la responsabilidad no es del que me prometió solamente, sino también, del que creyó en esa promesa y decidió hipotecar su voluntad al mejor prometedor de soluciones. En política aún nos seguimos manejando en esos términos: entre la demagogia progresista, y la demagogia tecnocrática, una propone recetas repetidas creyendo que el problema es de quién las aplica (principio de arrogancia) y la otra también erra el diagnóstico pensando que la buena voluntad y la honestidad son suficientes, si bien son importantísimas para que una clase política se precie como tal, bajar la vara a esos únicos requisitos es seguir apuntando bajo. Algo en común tienen los dos grupos demagógicos, y es el hecho de que ambos mantienen un sistema en el cual no somos víctimas, sino no sería sistema y sería un estado de opresión absoluta, lo cual no se da, porque esto se vota y cuando se opta únicamente por lo que hay, es una forma de convalidar el hecho de que antes nadie luchó para no tener que conformarse, y ahí es donde apunto trayendo la reflexión de Alvar y de Matzke, ahí es donde apunto a tratar de hacer algo diferente de lo que se venía haciendo hasta ahora.
Matzke señalaba que lo que separa su generación de la que lo precedió, es el hecho de no formar parte de la cultura de la guerra inútil, del conflicto absurdo entre naciones, y eso además, los hace tomar una actitud de mayor frialdad y distancia respecto del sentimentalismo romántico y de todas esas formas de anestesiar la realidad con componentes emocionales que prometan un "futuro mejor", ellos se cansaron, la nueva juventud nórdica (nueva para ese momento) dijo "Basta" a la expresión pusilánime de estados de ánimo que no conducen a ningún lado, basta de lamentos, basta de promesas, basta de angustias, basta de sentimentalismo, acá se hace o no se hace, el futuro se construye, y la realidad vive muy de espalda a lo que nosotros podamos sentir de ella, así que los sentimientos dejémolos para lo más profundo de nosotros, que para el resto de la existencia ya tenemos lo más excelso y lo más apreciable que puede haber, que es la realidad, nada más que eso. No en un futuro, ni en una promesa de "modelo", es ahora, y el ahora no deja tiempo para angustiarse. Este nuevo realismo habla de cómo el humanismo ha caído en un mensaje vacío, en una promesa que no se ve reflejada, en un agotarse en el discurso, por lo tanto, le quita a la realidad ese falso barniz de sentimientos y de aflicciones que se le ponían para tratar de dibujarlo a la propia imagen, de eso también se dijo basta, y nosotros podríamos empezar a hacer lo mismo.
En lugar de seguir con el sentimentalismo para dibujar la realidad, dibujar los datos o mentirnos a nosotros mismos, podemos empezar a preguntarnos "qué se puede hacer", "cómo se puede hacer" y qué plan a largo plazo podemos armar para concretarlo. Últimamente veo muchas personas que se quieren lanzar a competir en política, porque según ellos "necesitamos conseguir algo ya, antes de que pase más tiempo", eso es una forma de decir "no tengo ideas, pero tengo ansiedad y falta de templanza, algo de eso debe servir para mejorar algo", o sea, no hay idea de qué hacer, cómo hacerlo y de qué manera, sino que en todo caso, la opción para estas personas es repetir, y no sólo en las propuestas o en las acciones concretas, sino también en el punto de partida que dice "lleguemos y después vemos qué hacemos", lo cual ha sido el leitmotiv de nuestra clase dirigente a lo largo de los años, o sea, el plan es el "no plan". Pero en primera instancia, como se ha señalado varias veces, la primera soberanía a conquistar es la personal, la que como Matzke planteó, nos mantiene fríos y distantes a la charlatanería, el mesianismo y la demagogia sentimental de algunos que pretenden que la realidad es mala y ellos son buenos, a todo eso no imponemos otra cosa que nuestra fría distancia, y la claridad de conceptos, la conexión directa con la realidad y la templanza en el pecho que nos lleva a analizar la realidad ya no como meros tecnócratas con el formalismo de respuestas, sino como protagonistas que se piensan inmersos en los problemas que existen, para que las respuestas y la planificación también tengan un correlato en la misma realidad. No hay liberación posible en categorías con arreglos a un grupo determinado que "nos venga a salvar", sino en nosotros mismos, conocerse a sí mismo, mirarse al espejo y entender dónde se está es el mejor punto de partida, asumir que si el hombre no se convierte en el salvador de sí mismo, nada lo podrá nunca salvar.
Lucas Cianfagna.-

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