lunes, 11 de julio de 2016

Libertad como excelencia de conducta


"La libertad es pues en sí misma política. Y además, es también un modelo político en la medida en que ser libre significa no ser esclavo de sí mismo ni de los propios apetitos, lo que implica que uno establece en relación consigo mismo una cierta relación de dominio, de señorío, que se llamaba arché, poder, mando." Michel Foucault

 Siguiendo un poco la lógica de lo que dije anteriormente, me propongo abordar el tema de la libertad, para ahondar un poco en su significación clásica y la decadencia del concepto mismo y de la práctica misma que resulta irreflexiva al día de hoy para el común de la gente, y en consecuencia termina también resultando algo que no se practica en absoluto. Como había dicho antes, existe una falta absoluta de reflexión sobre los conceptos que se emplean, lo cual podemos calificar como simple racionalización formalista, es decir, la simple formalidad de analizar algo por lo que acostumbramos a llamar algo, en lugar de analizar dicho algo. Ahora bien, esa carencia de profundidad reflexiva también subsiste en lo que concierne a valores que solemos emplear como emblemas de conducta, pero al carecer de reflexión, análisis sobre la materialidad del concepto y a su vez convivir con la condición discursiva vigente, se termina por realizar un sujeto ajeno a una constitución propia de la identidad.

Abordando la cuestión crítica, que considero una actitud más que necesaria, es menester reflexionar sobre los valores que modernamente (soberbiamente) se enaltecen como son la igualdad y la libertad sin tener el menor reparo sobre los mismos. Comienzo presentando tres aspectos esenciales para tratar: en primer lugar, ubicar la libertad en un contexto actual y de desarrollo histórico, en segundo lugar analizar qué relación tiene la libertad y la igualdad entre sí, y por último tratar de brindar una reflexión en torno a qué hacer con estos conceptos y cómo se determina su materialidad. Algo que bien podría plantearse como las tres preguntas de Kant en la Lógica que tratarían de abordar el cuestionamiento sobre el hombre y su reflexión, pero en modo desordenado y sobre un tema concreto.

En primer lugar, hablaría del concepto de cuidado de sí como práctica normativa de la Antigüedad. El cuidado de sí resultaba para la filosofía antigua todo un baluarte de concepción individual (personal) y colectiva (política) de la forma de la acción. Este cuidado de sí como técnica fue desarrollado por todo tipo de escuelas, desde la escuela platónico-socrática hasta los estoicos, y epicúreos, etc; y consistía en el ejercicio del dominio de sí para practicar la libertad, por supuesto que esta práctica no era accesible en modo realista para cualquiera, sino para aquellos que tienen la capacidad de ejercer una autoridad sobre sí mismos, cuya virtud era fundamental para desempeñarse en lo público. En la Modernidad hubo un desarrollo continuo entre lo precedido por la Edad Media que trata de técnicas de sí referidas a la llamada exomologesis (confesión de sí) a partir de la comunidad y de prácticas de penitencia practicadas dentro del ámbito monástico, que consistían a fin de cuentas la mortificación de sí, o bien, el autosacrificio de sí por la verdad, lo cual marcaba una diferencia profunda respecto del cuidado de sí, donde la libertad se practicaba en virtud de un maestro que resultaba una mera circunstancia del cual uno se despegaba tarde o temprano, en el período medieval, existe una relación de dependencia total de vínculos con el maestro.

Con el advenimiento moderno, no hubo una ruptura respecto de estas prácticas, sino más bien una refinación de las mismas. Veamos, aquella exomologesis que consistía en la confesión de sí -antiguamente practicada en el mero ámbito personal de la conducta respecto de la libertad, en Séneca, por ejemplo- en la Modernidad y más propiamente en el contexto del avance positivista y del discurso científico, encontramos estas prácticas diseminadas en el ámbito de las disciplinas, tanto a nivel social como a nivel de los saberes, donde se seleccionan, se normalizan, se centralizan, se jerarquizan y se mantienen en un cierto secreto para conservar el aspecto técnico de estos saberes, lo que concierne a las disciplinas de ingeniería por ejemplo; se practica esta confesión de sí a partir de las instituciones que requieren una confesión de parte hacia un otro que es capaz de brindarnos un sujeto que se construye a partir de este concepto de disciplinamiento, cuya relación con la libertad resulta entonces altamente limitada y segregada a la merca conceptualización. Este disciplinamiento fue el artefacto que caracterizó todo el período de sociedad de masas, cuyas técnicas de sí aún persisten en algunos aspectos actuales, más precisamente en Argentina, donde se vive hablando del problema de la educación, pero esa educación "moderna" dicho en sentido estricto, configura hoy uno de los mayores problemas de entendimiento de la realidad, de carencia de interés sobre la cultura y falta de compromiso crítico sobre la realidad, en cuyo caso, resulta la consecuencia visible del disciplinamiento moderno que persiste, como dije, y que condiciona la posibilidad de pensar en la libertad de alguna forma distinta a la de consumir.

En segunda instancia, en cuanto a la relación de la libertad con la igualdad, si bien no es una relación estrictamente moderna, la conjugación de estos dos elementos en un contexto moderno o tardo-moderno tiene una raíz que provienen de este disciplinamiento del cual aún en nuestro país no nos hemos librado. Hablar de libertad e igualdad, resulta para nosotros de una carga más bien sentimental que reflexiva, a lo cual me refiero, que no existe realmente una práctica reflexiva y llevada a cabo en las ideas de igualdad y libertad más allá de lo jurídico, que siendo honestos, resulta en lo real un tanto ambiguo cuando se trata de resolver los problemas más importantes en torno a estas mismas prácticas de libertad e igualdad sobre la ley, y esto resulta harto paradójico. Por un lado desde el mismo acontecimiento de la Revolución francesa existieron posturas encontradas y hasta contradictorias respecto de la conjugación de estos dos valores, la razón es bastante evidente, y se debe a que no existe una armonía desjerarquizada de ambas nociones en lo concreto. Esto es, no existe una materialidad de las nociones de igualdad y libertad sin que una subordine a la otra, lo cual significa que si bien hay una relación estrecha entre ambos, no se pueden concebir al mismo nivel de jerarquía, ya que depende de cuál se priorice, se está hablando de un modelo o de otro de ordenamiento social. La libertad como práctica se debe a la reflexión y al saber crítico, combinados en una acción para el ámbito político, lo cual demanda la actualidad. En cuanto a la igualdad, resulta una relación que se practica entre personas libres, es decir, aquellos que deciden llevar para sí una práctica de libertad serán mis iguales, y cuyas consideraciones en ambos casos quedan exentas para quienes permanecen en estado pasivo, para quienes no hay interés reflexivo ni mucho menos público. Lo cual nos deja ver dos cosas: por un lado, el concepto de ciudadanía también se ha devaluado hacia el absurdo mismo por la carencia total de práctica, y por otro lado, la horrible realidad de que la ciudadanía se constituye entre quienes atienden y se comprometen respecto de los asuntos públicos, lo cual pone a la gran mayoría en el penoso aprieto de considerarse algo menos que ciudadanos, lo cual explica bastante razonablemente por qué se evita reflexionar sobre esto.

Como tercer punto, que respecta a la materialidad y la aplicación de ambos valores, es oportuno hacer hincapié en la relación de esto con el aniversario recientemente cumplido del Bicentenario de la Independencia, siendo que precisamente las personalidades destacadas en nuestra historia resultaron de la práctica de estas nociones que constituyeron nuestra república y marcarían el destino a seguir en el tiempo. Esto es lo sustancial, haber aportado una visión de objetivo a largo plazo, lo cual también se ha visto a lo largo de toda la historia en particulares casos de liderazgo, el caso más reciente fue el de Perón cuando anunciaba la necesidad de un acuerdo social en el marco de un Proyecto Nacional a nivel político y que fuera a largo plazo un objetivo realizable. Pero lo importante quizás, sea también el método que nos proporcionó resumido en una frase concreta "Gobernar es persuadir", lo cual da a entender de forma implícita, este aspecto de la práctica de libertad que él comprendió a partir de los lineamientos de conducción política. Pero también comprendiendo que la capacidad de conducir, se reserva a quienes pueden ejercer sobre sí una conducción, es decir, una auto-disposición de la propia materialidad (cuerpo) para lograr los objetivos propuestos, y luego trascenderse hacia la conducción de otros, lo cual se condice con la premisa de Aristóteles, para quien un buen gobernante es quien puede ser primero un buen ciudadano, para lo cual podemos retomar la consigna de soberanía personal previa a la soberanía nacional, como una especie de traducción de las necesidades actuales de la Argentina. En conclusión, la libertad resulta no sólo de una práctica de sí como lo era el cuidado y la exomologesis, para hoy se requiere una actitud crítica que pretenda un nuevo abordaje de la política y de la cultura, teniendo como principal objetivo brindar a la Nación un escenario diferente, para que dichas prácticas de libertad e igualdad se den en un marco coherente y por parte de la ciudadanía en su conjunto, para ello, necesitamos primero ejercerlas éticamente nosotros mismos.

Lucas Cianfagna.-



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