"Somos lo que hacemos d铆a a d铆a. De modo que la excelencia no es un acto sino un h谩bito." Arist贸teles
En cuanto a la acci贸n pol铆tica, tambi茅n es importante tener en cuenta las pr谩cticas discursivas, pero no s贸lo como identificaci贸n de un discurso a combatir, sino tambi茅n, poner 茅nfasis en las herramientas que los discursos, o bien, las tradiciones discursivas proporcionan como elementos t谩cticos y estrat茅gicos para la acci贸n pol铆tica. Los discursos son m谩s que meros enunciados que promueve quien ejerce poder, constituye una serie de pr谩cticas sociales que tienden a considerarse naturales una vez instaladas, y por contra-partida, consecuentemente, surgen contra-discursos que tienden a desacralizar lo que est谩 vigente como pr谩ctica social. Ahora bien, es importante tomar las herramientas discursivas que se han practicado en la historia occidental, para salirse de la consideraci贸n abstracta y contemplativa del discurso, y entender que tiene que ver con algo bien concreto y preciso. Si bien, parece bastante enga帽oso lo que digo, puesto que podr铆a ser interpretado r谩pidamente como una toma de posici贸n definitiva sobre la desnaturalizaci贸n del discurso; pues bien, hablando a priori podr铆a decir que s铆, sin embargo, en la medida en que uno toma posiciones sobre algo no se vuelve una suerte de bipolar o esquizofr茅nico cambiando de forma diaria de postura porque "nada es natural", tampoco es eso lo que se busca plantear, sino tomar las herramientas de desacralizaci贸n que ofrece la genealog铆a y la cr铆tica por un lado, y las herramientas de fluidez del poder cuando estrat茅gicamente se ha triunfado a fin de cuentas.
Para esto propongo varias cosas a tener en cuenta para pensar la acci贸n pol铆tica: en primer lugar, considerar los tipos de discursos a lo largo de la historia como herramientas a tomar para la acci贸n, y no como una justificaci贸n de un baluarte de Verdad y de contemplaci贸n inerte de la realidad, necesitamos guerreros, para monjes de la contemplaci贸n estamos plagados; en segundo lugar, entender que los discursos y su relaci贸n con el poder no significan una prueba de verdad o falsedad, hay que desligarnos de esa precaria forma de razonar, un discurso dominante que somete puede estar en lo cierto, lo que se busca entonces es revertir las relaciones de poder, no su contenido; en un tercer aspecto no demonizar ni sacralizar el concepto mismo de poder, sino abordar su misma din谩mica, y su relaci贸n con el acceso a la realidad, es decir, plantear jerarqu铆as organizativas que tienen que ver con lo m贸vil, con lo din谩mico, con lo fluido y con lo meritorio, no con lo est谩tico, con lo "naturalmente heredado por ser Fulano o Zutano", el liderazgo se respeta cuando existe una correspondencia con el ejemplo y con la acci贸n constante, no con una constante soberbia inerte de quien nada hace pero todo reclama, lo cual se lo conoce con el calificativo de "resentido".
En primer t茅rmino, los discursos aplicados a lo largo de la historia comprenden variantes de todo tipo, pero existe una reducci贸n simplificada hacia dos tipos, teniendo en cuenta el desarrollo del Imperio Romano y los Estados que se fueron creando en la modernidad: por un lado, el discurso jur铆dico-filos贸fico tiene un valor de trascendencia, busca algo similar al concepto mismo de Kant de raz贸n universal, es decir, considerar el desarrollo hist贸rico como necesario, natural, pre-establecido y pre-fijado, basado en dos conceptos antag贸nicos para nombrar aquello que pertenece al dominio, que lo llaman sociedad, y aquello que no pertenece al dominio, que llaman salvaje. Esta relaci贸n resulta de una mera conceptualizaci贸n de un proceso efectuado entre la sociedad, y lo que constituye la naturaleza del hombre previo a ella (salvaje). Esta relaci贸n de conceptos no supone conflicto alguno, y es incluso por el motivo de que necesita establecer la relaci贸n natural entre sociedad y salvaje, para establecer un derecho en base al concepto de naturaleza humana empleada por ellos. Teniendo en cuenta que su justificaci贸n es jur铆dico-pol铆tica, como hab铆amos mencionado, la definici贸n de salvaje va a ser fundamental para el establecimiento de formas jur铆dicas basadas en un derecho natural, del cual se vali贸 Roma, as铆 como los contractualistas del siglo XVII en adelante, y su m茅todo radica en el estudio de las formas jur铆dicas precedentes y su raz贸n de Estado ser谩 por consiguiente, la paz. Por otra parte existe otro recurso discursivo, que se asemeja al otro concepto que fue luego desarrollado por Kant como lo es la ontolog铆a del presente, empleado previamente por la nobleza en decadencia del siglo XVIII, que se conoce como discurso hist贸rico-pol铆tico, el cual su m茅todo radica en un rastreo arqueol贸gico y geneal贸gico de las batallas que han surgido, las victorias, las derrotas, el viejo concepto de la continuaci贸n de la guerra por otros medios, cuya justificaci贸n evidentemente recae en la raz贸n de Estado como la guerra misma. Este proceder hist贸rico-pol铆tico, se vale de mostrar que todo hombre est谩 sujeto a la historia, y cuyo estado "salvaje" no representa m谩s que una ilusi贸n, o bien, un deseo de quienes buscan un fundamento natural para justificar su poder, ya que lo que se cre铆a natural no resultaba m谩s que un producto de la historia anterior. He all铆 una t谩ctica que busca no mantener el proceso vigente, sino restaurar un poder en decadencia, recuperar un poder perdido, o bien, conquistar uno que nunca se ejerci贸; para ello los conceptos de los cuales se vale este discurso son nuevamente dos, por un lado el de cultura, para referirse a aquello que se establece en defensa del ataque que uno quiere realizar, y por otro lado, el b谩rbaro para conceptualizar aquello que la cultura relega, excluye, deja afuera de s铆. Es curioso c贸mo el discurso hist贸rico-pol铆tico comenz贸 a tomar suma importancia, hasta el d铆a de hoy mismo, ya que como argentinos conocemos bien aquella separaci贸n entre lo civilizado y lo b谩rbaro, referido a aquello que es angl贸filo, y aquello que es aut贸ctono.
En segundo t茅rmino, habiendo descrito los tipos de discurso empleados en la historia (sin haber mencionado sus respectivas discontinuidades), es importante tener en cuenta que 茅stos no deben ser tomados como relaci贸n com煤n dominador-falsedad, dominados-verdad, o viceversa. Como dije anteriormente, lo que proporcionan los discursos son herramientas de acci贸n dependiendo el contexto en el que se est茅, y sirve como toma de acci贸n, no como mero acto contemplativo, tenemos a la poblaci贸n entera contemplando lo que pasa, si queremos dar el ejemplo, dejemos de hacer lo que ya se viene haciendo, que resultado no ha dado en absoluto. Es importante entender que el discurso no es abstracto y tiene su materialidad en un pol铆tica de gobierno, el discurso mismo constituye su propia materialidad al ser el que marca las reglas, los usos y las producciones en las relaciones de poder, por ende, no se lo debe tomar como un mero eslogan de campa帽a, sino incluso como aquello que nos atraviesa en nuestra forma de relacionarnos socialmente con la realidad misma. Dentro de lo que el discurso hace adem谩s de lo que produce, es excluir, incluir, y establecer reglas de acceso, y su justificaci贸n ser谩 siempre jactarse de ser un discurso natural, por l贸gica, para que algo se acepte, debe sonar como algo que no podr铆a haber sido de otra forma, y quienes resisten al discurso lo desacralizan, all铆 est谩n plasmadas ambas nociones discursivas y sus respectivas aplicaciones, est谩 en nosotros luego, ponerlas en juego.
En tercer t茅rmino, es importante entender que no hay una maldad o bondad intr铆nseca en el poder, dependiendo de estrat茅gicamente d贸nde uno se pare y c贸mo se organice, para ello, propongo no abordar las viejas formas de soberan铆a natural de organizaci贸n est谩tica, donde manda quien tiene "la mejor idea", o "quien fund贸 tal o cual organizaci贸n", ni por experiencia de miles de a帽os de acci贸n, teniendo en cuenta que varios tienen experiencia de puros fracasos, y por 煤ltimo no moralizar sobre la noci贸n misma de poder, sino m谩s bien evaluar su eficacia y din谩mica. En consecuencia, lo realmente 煤til es abordar las formas organizativas en base a c贸mo se construye el poder en lo concreto, tomar jerarqu铆as no en base a derechos naturales, sino a criterios meritorios, esto es, quien m谩s demuestra acci贸n, trabajo, compromiso y m茅rito en acci贸n es quien se percibe como alguien m谩s apto para conducir, no el que propone, sino el que lleva a cabo, proponer es importante, pero si no se trabaja en lo que se propone, la idea se la lleva el viento. Siendo que las relaciones mismas de poder son din谩micas y fluidas, no existe tal cosa como un poder en forma de herramienta a explotar que es uso privilegiado del que domina, el poder fluye y se ejerce por quien domina, pero como la energ铆a, genera acciones iguales y contrarias, por tanto, genera su propia resistencia, el resultado no es predecible, pero s铆 es indeterminado, lo cual nos deja en la inc贸moda realidad -para algunos-, de que quien no se posiciona, quien no lucha, quien no se mueve, va a ver el poder moverse frente a sus ojos, y en lugar de trazar una estrategia organizativa, se va a seguir quejando junto con el tumulto de personas que piensan que son libres por el mero hecho de votar cada 2 a帽os. Adaptarse para evolucionar resulta m谩s provechoso que pensar "todo esto est谩 mal y nada se puede hacer", es decir, que a alguien no se le ocurra qu茅 hacer, no significa que no lo haya, el auto-enga帽o tambi茅n produce estas formas organizativas inservibles, ya que parte de ese tumulto de personas tambi茅n va a intentar -en vano- ser una autoridad, pero cuando la autoridad se impone por su propio peso es que comienzan las cr铆ticas.
Lucas Cianfagna.-

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