lunes, 7 de agosto de 2023

Hiroshima y Nagasaki: Dos bombas y una katana


A 78 años de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, una breve reflexión desde el concepto de lo político.

Definir amigos y enemigos en términos políticos, significa aceptar la máxima posibilidad de tensión; esto es, la guerra. Pero hasta en la guerra existe un mínimo de honor y humanidad a respetar más allá de la identidad asumida políticamente.

El problema surge cuando se politiza "la humanidad", y el concepto pasa a significar una definición política de lo que es humano, declarando como enemigo a quien se oponga a aquel bando, por lo tanto, inhumano. Al igual que  aquel jurista alemán que hablara de esto, podemos citar la claridad de Proudhon: "Quien dice humanidad, quiere engañar". Porque al igual que todos los que han decidido enfrentarse políticamente a sus enemigos desde el estandarte "humanitario" han demostrado los peores horrores que pueda ver el género humano, y lo cual sólo hace perder valor a la palabra de quienes se erigen como "los buenos del mundo".

El honor de los japoneses no fue modificado, sólo fue aplacado por aquel "derecho" de bestias aplicado contra una población civil inocente, en nombre de la humanidad a la cual supuestamente quienes arrojaron las bombas decían defender.

Luego de décadas de belicismo que facturó miles de millones ante un mundo unipolar y que los había coronado como potencia hegemónica, la balanza se inclina en contra. El "mundo de los buenos" se termina, y comienza el mundo real, el que entiende que en política, poder es la medida de todas las cosas, lo demás son máscaras culturales, pantallas ilusorias para esconder responsabilidades.

Porque la cultura general afirmó y sostuvo las premisas humanitarias, potenciadas por el cine, la propaganda y la industria cultural, que en el 80 había invadido de tal forma al japonés promedio, que provocó el sepuku (suicidio ritual) al último samurai que tuvo esa tierra; Yukio Mishima, ante la imposibilidad en su tiempo de restaurar algún orgullo nacional perdido, o dormido.

El nuevo escenario del mundo con nuevas potencias emergentes no es mejor, pero es más crudo, más real; y eso nos enseña a mirar más allá de las apariencias. Porque entender lo que significa "amigos" y "enemigos", no es poner rótulos morales, estéticos o económicos sobre ellos, tan sólo entender cómo se definen existencialmente, para que nadie olvide quién es quien.

Para los países dormidos en el letargo de un supuesto mundo pacífico de buenos modales, va esta reflexión, porque nos encontramos en uno de ellos, tratando de hacer que despierte para que deje de creer bondades sobre la potencia de turno que le prometa grandes ayudas. 

Luego de 78 años, tratemos de no buscar el monopolio de la humanidad en quienes tienen parte en todo esto, y sobre todo, no permitamos de nuevo el sepuku sobre nuestro propio orgullo nacional, que aunque esté dormido, sigue existiendo, sólo necesita ser despertado.

Lucas Cianfagna.-

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