jueves, 5 de enero de 2017

La vía guerrera del militante


"Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa, y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor." José Ingenieros

Hay una cierta actitud de revuelta de la cual hoy se carece en el ámbito intelectual y de acción concreta en lo político, esto ocurre por varias razones que pueden ser numerables. En primer lugar, la agenda de temas a tratar impuesta por los medios de comunicación, periodistas, opinólogos y panelistas, que no sólo imponen de qué se debe hablar, sino los límites los cuales no se pueden cruzar de ninguna manera sin ser descalificado de alguna manera, lo que muy bien Foucault llamaría "voluntad de verdad" como aquel límite establecido por el discurso que establece lo verdadero y lo falso, fuera de lo cual todo lo demás pertenece a lo insano e impensable. En segundo lugar, el precario nivel intelectual de los periodistas y panelistas, los cuales lejos de tener una simple pero suficiente cultura general, se tiene un "pico general" el cual se abre a toda hora y no deja tema por tratar, se sepa o no de él, en consecuencia las posibilidades siempre se reducen a lo que el razonamiento común llega, y no siendo suficiente con eso, al desconocer las mismas palabras que usan, insultan a quien se precie en un debate, siendo que incluso uno debe perder el tiempo explicando palabra por palabra lo que se quiere decir para que no haya malentendidos o ambigüedades en lo que se discute. En tercer lugar, y quizás el más importante, tiene que ver con el clima de insatisfacción, descontento, hartazgo y hastío por parte de los ciudadanos sobre aquellos otros que se abocan a la política debido a las repetidas y progresivas decepciones, y como es propio de épocas de profunda decadencia y disolución, la opción para los militantes es amoldarse a la situación y presentarse como una "persona de vida común como vos, y como yo"; pareciera que en lugar de buscar ser una conducción que eleve la perspectiva de vida y nivel de la población, se busca complacer a toda costa el propio deseo de auto-flagelo y de descontento con el cual se vive muy cómodamente, en consecuencia, el círculo se alimenta a sí mismo, y de allí se concluye "nada sirve", porque simplemente nada nuevo se les ocurre. 

Tomás Abraham, a quien estimo mucho por su nivel intelectual y por ciertas cosas que he aprendido de él, señalaba un punto importante, la militancia es importante siempre y cuando se haga mientras uno se comprometa estudiando, de lo contrario, uno es carne de cañón. No es menor su perspectiva, ya que demuestra muchas de las frustraciones sufridas por los sectores militantes más comprometidos, quienes ponen hasta una fe en un liderazgo o dos, y luego terminan sumamente decepcionados -los que admiten y soportan una cierta cantidad de autocrítica- y hasta desorientados, sintiéndose sin rumbo, ya que depositaron toda su razón existencial en una persona en la cual se creyó ciegamente. Es importante destacar, que esto no pasa con cualquier persona, sino con aquellos que no poseen una valoración cualitativa de sí mismos, aquellos que viven de forma retórica, necesitan apoyarse en otra cosa para justificarse a sí mismos, ya que tienen un gran vacío que llenar, en consecuencia siempre se sienten carentes. Lo inevitable en esto es que cuando surge alguna personalidad que destaca aunque sea no más que por su estilo discursivo, se consigue llenar ese vacío, pero ese "llenar" es otra ilusión, ya que con ello se confirma la postura retórica de dicha persona, necesitaba a ese "otro" para justificarse a sí mismo, y que el otro le llene el vacío, sólo confirma la situación de dependencia por no tener un principio claro. Parte de esclarecer principios por los cuales se lucha, está en tener una cierta base intelectual que lo sustente, así como también combinar lo afectivo, bien guiado, para acceder a dimensiones mayores que la mayoría de las personas, para garantizar un saber vasto y una posibilidad de prever hacia el futuro cómo se debe actuar. 

Un aspecto interesante resulta en distinguir dos aspectos que parecen juntos, pero que en realidad, resultan antitéticos entre sí. Se confunde, por la falta de formación de los mismos periodistas, el fanatismo con tener una visión clara y estructurada en principios. No hay nada más contrario al saber y a los principios claros, que el fanatismo. Lejos de ir a la conclusión de Sócrates donde se afirma que sabio es el que sabe qué ignora, hay algo más para tener en cuenta; una persona establece principios y esclarece su visión debido a experiencias vividas, interpretadas de una manera prudente gracias a una formación y a una reflexión sobre su persona y sobre cómo involucrarse con esa visión que se tiene de la realidad. Como se había dicho antes, el fanático procede de poseer esa visión retórica de la realidad, donde al no tener un principio que le dé un fundamento a sí mismo, se incurre en llenar dicho vacío con otra persona, una idea prestada o un momento de fervor irracional. Hasta tal punto es contrario a un persuadido el fanático, que es el persuadido el primero en rechazar las propuestas demagógicas de un X que no realiza nada, y que cambia de perspectiva según el resultado electoral. El fanático carece de reflexión propia (crítica), carece de establecimiento y de cimientos propios, por ello los toma prestados al primero que se los ofrezca a cambio de un servilismo militante, que puede ser fervoroso, pero que oculta un fuerte nihilismo de parte de la persona que se lanza ante lo primero que le da una sensación de fortaleza, que como se dijo antes, sólo confirma la situación real de dependencia. Es el persuadido quien se da cuenta de esto, y si posee la suficiente suspicacia, incluso antes de ver actuar al "chanta" en cuestión, cosa que al fanático, quien tiene un fervor temporal, no le pasa, incluso, hasta luego de ver caído al "líder" por sus propios errores, sigue creyendo en él negando toda evidencia sobre sus grandes falencias. El persuadido en cambio, ve caer un líder y su actitud se mantiene intacta, a él no lo aplastó una estatua, ya que posee un valor propio más duro que las estatuas mismas, si se fía de alguna personalidad, sabe que es mientras y hasta donde le sirva para su objetivo, ya que reconoce en una situación como la actual, que no hay cimientos firmes sobre los cuales apoyarse, y tiene que estar dispuesto a saberse solo. Cuidado, este "saberse solo" no significa soledad ni tristeza, significa auto-suficiencia y poder sentirse realizado, porque cuando uno se reconoce en una situación así, sabe que ha conquistado la desesperación y la ha neutralizado, como si se tratara de una prueba, en la cual puede decir "Vencí la desesperanza, pero no con esperanza, ¡sino con voluntad!", o como diría Fausto "Vi veri veniversum vivus vici" ("Por el poder de la verdad, estando vivo, he conquistado el universo").

Esto que se dijo también se debe tener en cuenta combinando otros aspectos. Otra personalidad a la cual quiero evocar por lo que enseña de igual manera es Julio Bárbaro, quien ha dicho con claridad, que el error de los militantes de los cuales he hablado más arriba, es la postura vanguardista e "iluminada", que nada tiene que ver con este tipo de militante que nos interesa. Como bien dijo Bárbaro, es la población la que expresa el desarrollo de acontecimientos que da una posibilidad de actuar, lo cual también se relaciona con otro aspecto que señalé al comienzo, que es la resignación de las personalidades políticas a alimentar el auto-flagelo del ciudadano resignado, en lugar de ello, expresar un ejemplo de actividad, hace que uno no tenga que tocar las puertas al ciudadano, hace que el ciudadano busque a su propia clase política que los conduzca y los gobierne de la mejor manera. Esta perspectiva evita conflictos violentos y protagonismos mesiánicos, que son los principales problemas que se pueden presentar que se piensen como soluciones, cuando en realidad terminan en establecimiento de tiranías fundadas en lo emocional; para esto es necesario tener principios en claro y establecer un buen grupo que los respete entre sí, para poder responder como individuos y como grupo de la misma manera, sin titubear, con auto-crítica, pero con firmeza en lo que se hace y asumiendo responsabilidades. La situación de descontento generalizado no amerita amoldarse como un militante aburguesado, ni tampoco adoptar una actitud triste y pesimista, que termina en renuncia y abandono, sino en reafirmación de principios, sobre todo cuando se ve que lo único que hay alrededor son ruinas, es ahí donde uno se pone a prueba para poder resultar victorioso y decir "Nuevamente hoy, estando vivo, ¡me he conquistado a mí mismo!".

Lucas Cianfagna.-

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