jueves, 1 de septiembre de 2016

Conspiración y discurso

"Para hablar del poder hay que desplazarse por los modos en que se enuncia una verdad que legitima el relato de los que mandan, y puntualizar la diferenciación ética que distingue a los sujetos.(...) La verdad , además, se articula a una preocupación sobre las condiciones, los límites y las prácticas que un aspirante debe cumplir para estar preparado en el momento de recibirla y adoptarla." Tomás Abraham

Existen diversas posturas respecto de aquello que el "sistema" promueve, y en contra-partida todo lo que no promueve está prohibido o silenciado. Me parece que esa explicación es insuficiente, debido a que en primera instancia existe una confusión bastante generalizada que no distingue dos aspectos que son bien diferenciados: contenido discursivo y relaciones de fuerza marcadas por el discurso. Por un lado, se piensa que el contenido discursivo es inseparable de las relaciones de fuerza que el discurso mismo modela, lo cual sólo deja terreno apto para dos tipos de conclusión: lo que dé tranquilidad y sea correcto (discursivamente) debe ser bueno, en caso de adherir, y por ende lo relegado de este discurso, sea aquello que naturalmente está equivocado; luego, si no se adhiere al discurso, se cree a la inversa, que lo correcto es equivocado, y aquello incorrecto debe ser lo verdadero. Por ello me parece importante diferenciar ambos aspectos, ya que la discusión entre "discurso opresor" o "discurso justo" no dependen más que de la pura subjetividad, donde voy a encontrar argumentos tanto a favor de uno como de otro, lo cual no permite un análisis serio, sino más bien una pelea de gustos discursivos.

Para cortar definitivamente con la paranoia conspirativa, en primer lugar, se debe comprender cómo se componen los discursos, que contienen sus elementos de armado consciente y también inconsciente -conocido como causas no reconocidas-, así como las consecuencias no intencionadas, en términos de Antony Giddens, todo discurso por más meticuloso que sea en su producción, separación, prohibición y límite, va a conseguir siempre una resistencia que lo oponga; eso por un lado. Por otro, esa resistencia no se debe a que aquella guarda una verdad que el discurso nos oculta, una realidad sacra, sino que por el contrario, lo que el discurso busca ocultar más bien, sería aquel origen no-sacro del mismo. Como he explicado yo, y no ha sido en absoluto invención mía, todo discurso instalado se pretende como natural y de razón universal, como si se tratara de un acontecimiento fatal, por ello es que hago tanto hincapié en una postura crítica que permita ver qué es lo que el discurso se encarga de producir, separar, prohibir y limitar; y luego, se aplique la genealogía para saber cuáles fueron las posibilidades de aparición del discurso, en qué momento, cómo se logró implantar, y por último, cómo reaparece cuando pareciera haberse retirado.

Dicho esto, podemos pasar a la parte que me interesa, para librarnos de la moda conspiranoica (no digo con esto que no puedan existir conspiraciones, simplemente que de existir, no son ni perfectas, ni absolutas como se cree, ni tampoco que por ser conspiraciones pretendan ocultarnos la verdad): confundir contenido del discurso con la posición en la que uno ocupa tácticamente frente a él. En primer lugar, cuando alguien denuncia que hay una conspiración en el discurso para silenciar a la gente como él, quiere decir que esa persona ocupa un lugar dentro de aquello que el discurso separa, prohíbe o delimita, no significa que esa persona es poseedora de una verdad superior que las fuerzas del mal tratan de callar (principio de ego). En segundo lugar, si fuera la postura anterior válida, ¿por qué no podría serlo una postura exactamente igual pero ubicada dentro de la producción del discurso, o bien, aquel que el discurso privilegia? Este mismo podría alegar que el discurso es verdadero porque conserva, salvaguarda o protege un principio superior que trata de ser profanado por los falsificadores, de igual forma en que el contra-discurso dice que tal principio superior se trata de callar y quitar de nuestras mentes. 

El discurso produce, esto quiere decir que las relaciones de poder no se limitan a un "se prohíbe esto o aquello", sino que es "se promueve esto, esto lo descartamos, aquello otro lo prohibimos, y eso que queda está al margen de lo posible". Pero ya demasiado se ha hablado de lo que el discurso separa o prohíbe, prefiero entonces centrarme en aquella voluntad de verdad, o bien, lo que el discurso considera como pensable, y por contrapartida, lo que queda como impensable. La separación entre verdadero-falso constituye el límite de lo pensable para el discurso, lo cual trata de excluir cualquier tipo de grado o matiz dentro de lo verdadero o lo falso, aquello pasaría a quedar fuera de lo pensable. Esta es una de las principales razones por las cuales no se puede confundir contenido de discurso, de la posición táctica frente a él (de poder), ya que un discurso en su voluntad de verdad puede hasta parecernos objetivo y verdadero en algunos aspectos, simplemente estamos en una relación de desventaja por X o por Y. También la imposibilidad de pensar grados de verdad o falsedad conducen a estas posturas extremas entre "el discurso es verdadero" y "el discurso es la falsedad en vida", ya que un discurso que nos mantiene materialmente en una situación de desventaja táctica, puede producir dentro de su voluntad de verdad, algo real en rasgos generales, pero que al tener aspectos ambiguos que una persona puede notar, ya pretende calificarlo de falsedad "si oculta esto, debe ser todo lo demás falso también", tal cosa es absurda.


Puede ocurrir que un discurso que en relaciones de fuerza sea opresivo respecto a uno, pero su contenido no oculta objetivamente la verdad, sino que la produce, es decir, existen discursos basados en la verdad, que oprimen, lo cual puede conducir a suposiciones poco claras, vacíos, la sensación de que "algo falta acá". Aquellas lagunas, ambigüedades y vacíos que uno encuentra, deben buscarse como más allá de la dualidad verdad-falsedad, es decir, más allá de la voluntad de verdad de lo que limita aquello que se debiera pensar, ya que entonces, el contra-discurso supuestamente rebelde, pasaría a ser una consecuencia obvia del discurso instalado que se busca criticar. Volvemos al principio, todo discurso por más minucioso y complejo que pretenda ser, generará su resistencia, el desafío estaría entonces en generar una resistencia eficaz y que trascienda las fronteras discursivas, y para ello debe buscar más allá de la dualidad verdad-falsedad, en lugar de hacer lo que el discurso espera como resistencia inútil para asegurar su continuidad.

Lucas Cianfagna.-

2 comentarios:

  1. https://www.youtube.com/watch?v=uT0WhMyEC4M

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    1. Muchas gracias, ya había visto un par de videos del hombre, y sí, Foucault es una gran inspiración.

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