“Las prácticas sociales pueden llevar a engendrar dominios de saber que no solo hacen que aparezcan nuevos objetos, conceptos y técnicas, sino que hacen aparecer, además, formas totalmente nuevas de sujetos y sujetos de conocimiento. El mismo sujeto de conocimiento posee una historia” Michel Foucault
Prejuicio sobre la ciencia
Sin pretender una generalización o establecer un estereotipo de persona de este tipo, es preferible contar con las actitudes que definan este comportamiento. Pero en primer lugar es necesario también enfocarse sobre el modelo científico tradicional, que ha devenido en una suerte de neo-positivismo, o positivismo reciclado, cuyo fundamento es que sólo se considera científico lo que provenga del saber técnico, lo cual diría Habermas que es violencia ideológica para ocultar el resto de la realidad. Pero yendo a algo un poco más allá de eso, la discontinuidad, como diría Foucault, que se produjo a partir de la irrupción de la Nueva Filosofía de la Ciencia, y las revisiones de Riccoeur del método hermenéutico para las Ciencias Sociales, ha producido un planteo distinto, que en buena hora, ha logrado reconciliar aspectos importantes. Claramente no se trata de culpabilizar el pasado, sino de tratar de explicar por qué todavía se piensa de esta manera sobre lo científico, y debemos decir que en parte, se debe al científico mismo. La imagen de las personas que no integran ese ámbito es de algo totalmente ajeno a su quehacer, como si se tratase de una especie de alien, una persona dotada de capacidades sobrehumanas que lleva adelante algo que no se sabe muy bien para qué sirve, ni qué hace, pero que algo debe significar. El escepticismo respecto a la ciencia, y no aplicado a ella, es el que conduce al no-escepticismo respecto de los distorsionadores como lo son el sueño, la superstición, la imaginación sin criterio, el delirio, etc. Las personas tienen una imagen del científico como la de un hombre recluido en una caverna en la cual se encierra para escribir cosas, pensar, reflexionar y luego salir y decir "¡Voila, tengo este descubrimiento!", como si la composición teórica fuese un universo y el mundo experimental fuera otro; esto sería más o menos como, un filósofo encerrándose en una caverna viviendo como ermitaño por un lado y un químico loco haciendo explotar cosas por otro. Esta imagen distorsionada no es producto de la mera imaginación de las personas que son ajenas a ese entorno, en ellas ha influido -demasiado, diría- el modelo de observador neutral que para los fenómenos sociales y de otra índole tiene un peso sobre el aspecto técnico, que no alcanza para comprender la realidad social como tal. Ni que hablar sobre la falta absoluta de interés en la filosofía, disociándola de la ciencia, siendo que el avance de la ciencia parte de la reflexión del filósofo, lo que la ciencia da por hecho, la filosofía se atreve a repreguntar, para que esta marcha continúe de forma equilibrada. Por tanto, queridos amigos positivistas, guarden un poco el microscopio, ¡no sea cosa de que los terminemos analizando a ustedes!
La estupidez es teórica y práctica
En debates de redes sociales existe una gran parte de personas que tienen una necesidad hasta neurótica de separar teoría de práctica, lo cual me lleva a pensar en algo bastante simple: nunca se han dispuesto formular una u otra. Existen los teóricos absolutos, esos que a la primer señal de llamado a la acción les da alergia, no pueden con su propio sistema inmunológico, a estos compulsivos de la reflexión impoluta les parece hasta una aberración pensar en atravesar un proceso entre la realidad que tienen y la que quieren, por tanto, nunca ejercen realmente el primer paso, porque es tal el rechazo hacia la realidad actual, que no pueden concebirse inmersos en ella, y entonces prefieren seguir cabalgando dormidos al lomo de un tigre con un miedo atroz de lo que puedan encontrar si exploran el pasillo de afuera. Por otro lado, están también los soberbios de la práctica, quienes con decisiones apresuradas han configurado medianamente su vida -porque no requiere de demasiado planificar, eso está claro, o bien se han dedicado a coleccionar problemas bajo la cama-, sin demasiado problema, les parece totalmente falta de utilidad la reflexión y trazar cualquier esquema, lo consideran hasta contrario a conseguir resultados, lo cual me hace pensar que le tienen miedo a tomar una reflexión sobre sí, consideran de esta manera un acto de contaminación de la toma de decisiones momentáneas para las cuales su mediocre vida no requiere mucho tampoco, de su utilidad establecen una norma, una moral, en consecuencia, hablan de "menos abstracto y más concreto", ¿y cuál sería el sentido de considerar ambas cosas como contrarias e irreconciliables, o sea, como dialécticas? Si es justamente lo concreto lo que puede dar pie para lo abstracto y establecer un esquema para evaluar futuros concretos, la diferencia entre este tipo de personas y el positivista, es que el positivista sí reflexiona, pero aún así no se da cuenta y termina cayendo en el mismo error que la persona de la vida "concreta y simple". El optimismo racionalista del iluminismo ha creado un conocimiento que se ha encargado de nihilizar la vida, volverla una entelequia puramente material por un lado y virtual por otro. A diferencia de quienes nos acusan de ser nosotros los nihilistas, mas les digo a ellos que se miren al espejo, pues según su propia premisa el ser, como la muerte y el miedo en la vejez no son objeto de conocimiento por su imposibilidad de transformación, lo cual hace que sus valores ilustrados no sean más que un velo hacia algo terrible, la caída de consciencia de que dichos valores, nos han llevado a la nada misma.
Sobre la Nueva Filosofía de la Ciencia
En el contexto post-empirista en el que aún vivimos, si se quiere, existen varios aportes desde, principalmente tres perspectivas que han sabido aportar un nuevo sentido hermenéutico y de interpretación de lo social, tomando el trabajo de los comprensivistas como Weber y Schütz, y del estructuralismo como Merton, Levi-Strauss, y también de la Escuela de Frankfurt, como el trabajo previo de Adorno, Horkheimer, Fromm, etc. De cada una ha surgido un aporte sobre la hermenéutica, ya sea de Giddens en cuanto a la doble hermenéutica de la acción, la interpretación de lo sagrado que está oculto desde Habermas, o la desacralización genealógica desde Foucault. De todas formas, lo que acá importa, es la labor por unir de nuevo la filosofía con la ciencia, pero no sólo eso, sino librarse del aspecto moderno de sujeto-conocedor como se propuso Foucault, quien creo que establece un mejor enfoque de recorrido histórico del sujeto moderno, a diferencia de Habermas que ha reciclado más o menos la Teoría Crítica y la ha vuelto un iluminismo frankesteiniano, cuyos resultados se asemejan a aquellos que de teoría viven, pero que de vida carecen. El enfoque de revisar la historia del saber y por otro lado, una filosofía de duda y de escepticismo, considero que es una tarea interesante para marcar a futuro, ya que menospreciar la filosofía no tiene que ver con un espíritu científico, sino por el contrario, con el espíritu de un anticuario que colecciona, el deber es conseguir datos y resolver problemas, pero también poder dejar abierto un nuevo interrogante. Por otro lado la genealogía ha constituido un elemento interesante, que le debemos en gran parte a Nietzsche, y que nos permite quitar el velo embellecedor y apolíneo de un proceso lineal y continuo, y darnos el lujo de analizar lo contingente, lo que violenta y se impone, aquello que se establece no por un camino prefijado e inexorable, sino por un impulso que ha sido victorioso. Estudiar la naturaleza de lo originario, naturaleza violenta -no en un sentido moral- de todo lo que se impone, como lo es el discurso mismo, la verdad radical que se ubica dentro de lo dionisíaco -estéticamente hablando- como aquello que permite un conocimiento que no sólo no nihilice, sino que también potencie y nos ponga en acción, y que nos permita tomar partido de mejor forma, y por supuesto, mayor compromiso con la práctica. Hacer de la teorización una actitud práctica es una tarea fundamental, y es acá donde me propongo que la teoría y la práctica no formen más que el mismo proceso de generar respuestas y nuevos interrogantes, ¿acaso no era ese el objetivo? Ya que nos queremos proponer algo para hacer los que nos interesamos en plantear estos temas, prestemos oídos sordos a quienes se quedaron en la neutralidad valorativa y los posmodernos a quienes todo les da lo mismo. Sabemos que la determinación absoluta de valores y la carencia total de ellos son un proceso discontinuo pero que mantienen una estrecha relación, por tanto, propongo evadir esto que ya sabemos cómo termina. Escindir la teoría de la práctica no sólo atienta contra el ejercicio mismo de la filosofía y la ciencia, atientan contra la vida como acontecer, ya que no es posible salir de la mediocridad si no es pasando a la acción, mientras que se reflexiona sobre lo que hacemos, por lo tanto, muertos los ídolos iluministas y la rigurosidad tecnocrática, queda el camino librado a quienes no sólo queremos vivir, sino reflexionar para vivir mejor.
Lucas Cianfagna.-

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