miércoles, 15 de febrero de 2017

Nuevo clasicismo


"¡Cómo son bellas, cómo son puras estas libres fuerzas no manchadas más por el espíritu!" Friedrich Nietzsche

Existen todo tipo de debates, no sólo desde la filosofía concretamente, sino también desde la arquitectura, como gran techné abarcativa de las disciplinas humanas, en la cual se discute la tendencia de las perspectivas existenciales. A menudo se discute entre el enfoque "posmoderno", el "conservador" y el "clasicista". No tengo reparo alguno en inclinarme hacia uno de ellos, por la simple razón de que se trata de traer a la mesa de la cultura chata y agotada que se vive hoy día, una perspectiva que no sea un mero seguir la rueda dialéctica, sino plantarse más allá de la misma y poder proponer un "renacimiento" en la forma en la cual se para uno frente a la existencia, y eso abarca todos los órdenes, sobre todo el político, del cual no debe nunca estar disociada.

Hay que partir de una base: las tendencias conservadoras se amparan en un principio que varía según el devenir mismo, y cuya dialéctica no es más que un ajuste a la situación, como un seguir el afluente, y en base a ello conservar lo que se pueda que hasta el momento permaneciera intacto. Pero hay también un punto de contacto entre esta tendencia y la posmoderna, en que sosteniendo una postura relativista, acude a esta estrategia dialéctica, sólo que desde el lado de lo que irrumpe y destruye, pero nunca como una nueva creación, sino como una pseudo-creación, algo que surge desde la pasividad y la contemplación ante lo destruído; curioso es que quienes defienden estas posturas lo hacen en nombre de ideologías y de valores nuevos, siendo que en realidad el aspecto destructivo por sí sólo no forma valores, es una pseudo-postura, un posicionamiento desde la mera reacción, desde la disolución, en lugar de la re-edificación, empleando términos arquitectónicos. Así como también hay un conservadurismo, ya que aceptando el puro principio disgregador "todo da igual", por lo que la realidad al no ser estática, sino dinámica, cuando se está en plena caída libre, a medida que se acelera la velocidad la disgregación resulta cada vez mayor, pero desde ambas tendencias se arriba a esto, ya sea retardando la caida o acelerándola.

Queda claro que ambos polos dialécticos se contentan con dos actitudes surgidas desde la debilidad: la contemplación pasiva por un lado, y el odio destructor por otro, lo cual no da lugar a ninguna integración del hombre con su realidad existencial, ni mucho menos restituído en su postura volcado a crear realidad, sino que acá lo que hay se limita a dos opciones graficadas en un mismo escenario simbólico: una turba de gente destruyendo una galería de arte y los dueños contratando personal de seguridad para tratar de conservar lo que aún no fue despedazado. Cuando los posmodernos o los mismos conservadores acusan de "reaccionario" al defensor de una postura clasicista, resulta una risa, ya que quienes se valieron de una reacción en lugar de una afirmación o un principio de actividad, fue justamente esta corriente posmoderna o disolutiva en general, y la postura conservadora no hace sino tomar una posición frente a esta reacción, postura que podría ser útil cuando se ejerce violencia respecto a perspectivas altamente fundadas, pero que para los tiempos que corren, demuestran que sólo quieren retener un curso que ya fue fijado por la misma voluntad humana ante la posibilidad que tuvo de reinventarse, eligiendo en cambio echarse a perecer ante el desvanecimiento de las cosas que acontecen en el devenir, imitando a la naturaleza en sus ciclos de degradación continua, y en vista de la tensión entre las posturas, cada una permanece en estado informe, mientras esto siga, inclusive la tendencia creativa, que por sí misma y de forma absoluta es insuficiente.

Curiosamente estas tres posturas coinciden con el triple principio de dominio expresado en la filosofía hindú, en la cual, describe las vías de las manos: en cuanto a la mano derecha se encuentra el aspecto creativo (Brahma) y el conservativo (Vishnu); en cuanto a la vía de la mano izquierda se encuentra el aspecto destructivo en cuanto a delimitaciones y contornos (Shiva), que bien pueden compararse a las tres tendencias en cuanto a la perspectiva existencial que se vive en la cultura. El problema estaría en la falta de dirección de las tres tendencias, ya que cada una ocupa en sí un lugar importante, pero mientras se posea el criterio correcto para cada una, sin que ninguna pueda suprimir a las otras, lo cual es posible desde el punto de vista de la tendencia destructora. Plantear un nuevo clasicismo es un gran desafío y dichoso de emprender, pero para ello no hay que tomar ninguna de las posturas de manera absoluta, sino como complementos que se subordinan en su correspondiente lugar, ya que para tal movimiento se requiere una actividad organizada, cualquiera sea el ámbito: político, artístico, cultural o incluso civilizatorio, ¡soñar no cuesta nada! Pero tampoco es suficiente, ante todo, se requiere un criterio de dominio, no de apasionamiento romántico, eso ya está harto agotado.

La tendencia creativa tiene un lugar preponderante cuando se vive un límite de agotamiento, para lo cual se requiere una cierta ayuda de la tendencia disruptora, guiada hacia barrer con lo inservible, mientras se mantiene el dominio, de manera de no ser destruído por el afluente, sino más bien, llevado, he ahí la diferencia entre una sana disrupción y un "romper todo lo que hay" (incluso el sí mismo). En cuanto a la tendencia conservadora, tiene un papel pero no es sino hasta que logra asentarse la postura, y no me refiero a la aceptación general, sino al ejercicio de asumir esa postura como propia, hay que recordar que las ideas no vienen de los conjuntos, sino de las grandes individualidades, por lo cual, asentarse en un nuevo clasicismo, si se quiere eso, se debe hacer primero desde lo personal, y allí mismo la tendencia que conserva bien sirve para mantener aquello que se asimila. Pero cuidado, esto no se trata de una perspectiva abstracta, en absoluto, ni tampoco refiere a una idea pre-concebida, esto hay que tenerlo presente, ya que una idea que forma parte de la posibilidad incierta y remota, es una quimera, no tiene forma, contorno, ni criterio sino a partir de la realidad, es decir, de que exista concretamente en lo real. Bien se sabe, que como dijo el maestro Evola, "una idea sólo tiene valor en cuanto actúa y en la medida en que actúa: no porque es 'buena', 'verdadera', 'justa', etc. "; por lo tanto, la idea-fuerza tiene sentido en la medida en que se encuentren elementos para su concresión, lo cual significa, que está estrechamente atada a una práctica, que lejos de ser abstracta no puede ser realizada en la quimera informe e incierta de la vaga idea, sino que se debe hacer en la realidad concreta y cierta, para convertirse así en un saber, donde confluya lo teórico y lo práctico sin que sean esquizofrénicamente separados como han pretendido siempre los dogmatismos empiristas y racionalistas. Lo que nos compete como neo-clasicistas es una nueva apreciación de la realidad, a partir del dominio de sí y de las fuerzas empleadas, ya sea para crear, conservar o destruir, siempre en la medida de lo necesario.

 Lucas Cianfagna.-

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